Homenajes Mundial 2026

No habrá otro igual

Luego de 21 años de vestir la celeste y blanca, superar todas las estadísticas y coronarse campeón y subcampeón del mundo en tan solo cuatro años, un Lionel Messi maduro, sensible y definitivamente coronado como ídolo popular de nuestro pueblo, ayer se retiró de la Selección. Texto homenaje de Sebastián Gimenez.

Seis de octubre de 2026, un día que quedará en la historia por la despedida de Lionel Andrés Messi de la Selección Argentina. Veintiún años ocupó su trayectoria dilatada con la celeste y blanca surcándole el pecho. Cuando empezó a jugar, algunos de los pibes que lo acompañan hoy en ronda y lo aplauden, todavía no habían nacido. 

Parece mentira que, de hoy en adelante, tengamos que empezar a hablar de Lionel Andrés en tiempo pasado. Cuando veamos a futuros jugadores blanquicelestes será difícil no mirar el espejo del recuerdo de su legado. ¿Viste esa que le quedó a fulanito?, diremos. Si estaba Messi, era gol. ¿Vieron ese centro de mierda que tiró menganito? Messi te la ponía en la cabeza. Miraremos cada incidencia, los resultados puestos luego de empates o derrotas, y diremos: si estaba Messi, este partido lo ganábamos cuatro a uno. Y, en este caso, probablemente será verdad aquella sentencia a veces exagerada: todo tiempo pasado fue mejor. En este caso, va a ser prácticamente imposible superarlo, ni parecerse. 

- 125 goles convertidos en la Selección argentina - pasó el inventario el contador activando el grupo de Whatsapp antes del partido.

La ocasión especial, por supuesto, ameritó el intercambio entre amigos, los mismos que seguimos palmo a palmo el último Mundial y que compartimos nuestras sentencias futboleras como si fueran verdades reveladas. Si supiera el hombre que se retira hoy lo que departíamos en el grupo en el año 2018, pobre de él. Mejor algunas cosas olvidarlas, o hacerse los boludos. Siempre creímos en vos, Lionel Andrés querido. 

La camiseta gigante proyectada en el pasto que lo recibe, y arriba de la diez, una palabra que se hace notar, acaparando todo, acaso la más repetida de la noche: Gracias. 

El contador, sin embargo, acaso uno de los que miran la película completa, agrega al Gracias unánime: y Perdón. Gracias y Perdón, por haber dudado en un momento de tus condiciones. Lo que era ese grupo de Whatsapp de amigos energúmenos, que nos entreteníamos contándole las costillas al genio cuando el equipo de Sampaoli pasó por el Mundial de Rusia sin pena ni gloria. 

Hagamos un ejercicio lúdico. Julio de 2018, y un argento futbolero promedio se lo encuentra a Lionel Andrés de incógnito mientras va a comprar dos kilos de papa negra a la verdulería, acaso en un suburbio de Rosario. 

- Hola - supongamos que hubiera dicho tímidamente el Lio, tipo humilde, recatado, poco dicharachero, saludando por cortesía.

- Hola - lo hubiera mirado sorprendido a la cara el paisano -. ¿Cómo le va, nene?

- Bien. ¿Y usted?

- Bien sería un decir. En realidad, mal. Estamos mal. ¿Sabe qué pasa joven?

El pibe humilde de Rosario hubiera acaso enarcado las cejas. 

- Pasa que acá a los argentinos nos chupa un huevo lo que vos hacés en el Barcelona, ¿me entendés? Podés hacerle veinticinco goles al Real Madrid por temporada y a nosotros eso no nos mueve un pelo. ¿Me seguís? Nos importa tres carajos, para decirte sinceramente. Allá vos hacés goles porque tus compañeros te dejan solo frente al arco o en el borde del área grande. Vos jugaste con Iniesta y Xavi, con esos hubiera hecho goles hasta yo - lo hubiera toreado el forajido, mientras la panza le asomaba sin desvergüenza por debajo de la remera.  

- Sí sabemos que tenés buena zurda, no lo vamos a negar. Pero no sirvió ni para ganarle finales a los chilenos. ¿Me entendés? - habría provocado el energúmeno, que encarnaba el pensamiento más o menos consolidado del argentino futbolero promedio y ni que hablar del grupo de mis amigos de Whatsapp.

Veintiún años que no fueron de felicidad continua, entonces. Caer, volver a tropezar, levantarse y seguir intentando. Perder la pelota y volver a pedirla. De tanto verla que la lleva pegada al pie nos acostumbramos a eso, exigiéndole más. Perdón y gracias, hermano. 

El hombre camina por el túnel por última vez antes de entrar a la cancha y se encuentra con un piberío, que lo recibe con una alegría espontánea e impresionante: todos gritan, todos se quieren abrazar con él, los hijos, familiares o conocidos de otros de sus compañeros de la selección y ni que hablar los niños de Benín, el país invitado para la última gala. Messi es la alegría de los pibes, es ver inundadas las calles de camisetas argentinas con su nombre, es ver casacas rosas cuando se fue al Inter de Miami, acaso su última estación a nivel clubes.

Sale a la cancha, fuegos artificiales, música tribunera de fondo, que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar. Ya la canción es una añoranza, un recuerdo de lo que fue y de lo que no volverá a ser. Gracias por las vueltas que nos hiciste dar. 

El himno nacional entonado en la voz de Fabio Santana, ex combatiente de Malvinas. Y la bandera improvisada que hizo historia a sus pies, cerca: Las Malvinas son argentinas, carajo. Y el que no salta es un inglés, otro de los hits de la noche de toda la vida, que parece añorar también la última gran alegría a la que contribuyó el genio: el triunfo contra los piratas en las semifinales, en aquél mítico 15 de julio. 

- Alguna vez que convoquen a José Larralde a cantar el himno - pidió el falso ingeniero. Ahí sí, lloramos todos. Pero puede ser una versión que dure veintisiete minutos. 

Después del apunte risueño del amigo, comenzó a rodar la pelota por última vez con el diez en la cancha vistiendo la albiceleste. El seleccionado de Benin actúa de fiel partenaire, jugando en serio. Ordenados atrás, sacan veloces contraataques que incluso hicieron trabajar al Dibu Martínez.

- Vinieron a jugar en serio. Me gusta - se congratula el falso ingeniero. 

Minuto diez del primer tiempo, el partido se detiene, el homenajeado no entiende por qué. Bajan los aplausos unánimes, las ovaciones. El tipo permanece serio.

- Me encanta Messi hinchado los huevos y pidiendo: terminen, loco con los homenajes. Dame la pelota - apunta el profesor patagónico. 

Pero los homenajes se hacen en vida, y mejor en el verde césped. Y no sólo recibiendo tres millones de Me gusta en la carta de despedida en Instagram. Para decir adiós, que sea con la pelota bajo la suela y mirándole la cara a la gente, la verdadera sociabilidad en contrapunto con las redes supuestamente sociales. 

Parejo el primer tiempo y Lionel Andrés haciendo un partido humano, sin grandes estridencias, cerca del gol cuando no pudo conectar bien un envío frente al arco rival, perdiendo el equilibrio y saliendo desviada la pelota. 

- Quiero escuchar murmullos de la platea - toreó el falso ingeniero risueñamente, sabedor que Lio tenía ya sobrado derecho a la postrer indulgencia, faltaba más.

Fin del primer tiempo, caminar adusto hacia los vestuarios y una certeza: el tipo quiere ganar. 

- Que el Chiqui Tapia vaya a sugerirle a los de Benin que hagan algo para que Messi la meta - apuntó el contador, que es bostero y ya se imaginaba al jefe de la AFA ingresando al vestuario visitante como José Barrita en el partido final del campeonato 1992.  

El segundo tiempo arrancó con el centro del genio y golazo de Otamendi, otro que concluyó su paso por la Selección Argentina con mucho reconocimiento. Después empezaron los cambios. Al rato, nueva asistencia del diez y golazo de Nico Paz. 

- Gol de playstation - apuntó el profesor patagónico. 

Hablando de eso, Lionel Andrés tiene goles de Playstation para regalar, su naturalidad para meterla en el arco de enfrente lo hicieron parecer casi un burócrata del fútbol, que se cansó de hacer goles. Ni siquiera menguó su eficacia el avance inexorable de la biología, desde que el que se retira de la Selección es él, y no el fútbol el que lo obligó a largarlo. 

El genio pidiendo la pelota, y el equipo juega para él en esos minutos que se escurren rápidos como el agua entre los dedos. Que el tiempo no pase, se detenga, uno casi que ruega, sabiendo que esto que está pasando ahora no vuelve. 

Foul a Giay adentro del área y penal. La toma Lionel Andrés, y lo gritamos como un gol de Mundial en el grupo de Whatsapp cuando la clavó inclemente en el techo del arco ante el vuelo estéril del arquero. 

- 126 goles - apuntó el contador. 

Batistuta tuvo 56, Lautaro tiene 42. 

- Está a 84 goles, Lautaro - nos reímos de la acotación del falso ingeniero. 

Deja la vara en la estratósfera, en el espacio exterior Lionel Andrés Messi. 

Final de los últimos noventa minutos. 

- Señores, de pie. Se retira una leyenda. Ya es parte de la historia - dice solemne el profesor patagónico y nos persignamos ante el extraterrestre.

Canta Soledad Pastorutti, voz y letra emotivas, por una noche más con Leo doy (damos) la vida.  El hombre de 39 años se emociona y abraza a la cantante. No le gusta la exposición, si hubiera sido una quinceañera hubiera elegido, entre fiesta y viaje, sin dudas irse a Miami. Pero tímido y todo, tomó el micrófono. Y habló. Y contó de lo difícil que fue el camino, que fueron veintiún años de rosas pero también de espinas. Y a veces hasta más espinas, hasta que se dio vuelta la taba en 2021, hace tan poco. Un Mundial, dos Copas América, dos subcampeonatos Mundiales, finalísima, y fútbol infinito. 


El genio habla y entierra para siempre las teorías conspiranoicas de la final perdida con España. Llegamos con lo justo, no dábamos más, corta la bocha. Fue un gran desgaste el partido con Inglaterra. ¿Y quién, de los miles ahí en el estadio, y los millones que escuchamos por la tele, no entregaríamos otra vez esa final a cambio de la alegría enorme de ese partido contra los piratas? Por mostrar con orgullo la bandera de Malvinas, por todo. 

Porque ¿qué le vamos a contar, probablemente, de Messi, a nuestros nietos? Acaso alguno le cuente del Mundial 2022 y sus magníficas jugadas, asistencias, goles increíbles para levantar la tercera Copa del Mundo. O acaso también contemos el instante sublime en que el genio tomó el rebote del tiro en el palo de Alexis Mac Alister, dominó la pelota, atravesó con el regate el túnel del tiempo que nos reencontró a todos otra vez cuarenta años antes, como si fuera la reencarnación del Diego, con la casaca azul como la del 86, viéndonos los casi cincuentones otra vez pibes mirando la tele y viendo cómo el genio desborda y lanza el centro de derecha, con la pierna supuestamente mala, la de palo, Dios mío. Y ver a los piratas lungos saltar con todas sus fuerzas para interceptar la pelota pero intuimos, sabemos que no van a llegar, porque la parábola que hace la pelota es la misma que hace el tiempo, y que hace preguntarnos en un instante de incredulidad: ¿Otra vez?

Sí, otra vez. Para que Lautaro ponga la cabeza y sea otra vez dos a uno. Que dejaron el poco carretel que les quedaba los muchachos para ganarle a los piratas y quedar en la historia y el corazón del pueblo herido y con memoria para siempre. 

Perdón, Lionel Andrés. Y gracias. Vamos a extrañarlo. Se retira como profeta en su tierra. No habrá otro igual.  

author: Sebastián Giménez

Sebastián Giménez

Escritor y trabajador social. Autor del libro Victoria siempre (Editorial Sudestada), y de relatos cuervos y otros libros setentistas.

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