Mundial 2026

Como el sol naciente

Se está cerrando la fase de grupos y los amigos futboleros siguen las alternativas del mundial por el Whatsap. Viejos recuerdos, análisis filosos y sarcásticos, ponderación de la belleza y la alegría de sabernos vivos, en pleno desarrollo de una copa del mundo y con la Argentina de Messi, por ahora, en un cumple.

El grupo de Whatsapp da casi para todo a la hora de hablar de fútbol. Habrá nacido en el Mundial 2014, y desde ese entonces compartimos las opiniones carentes de toda objetividad en ese lugar. Decenas de partidos comentados, adhiriendo a pensamientos maximalistas carentes de moderación y un mínimo de raciocinio.

Por ejemplo, recuerdo una jornada en que estábamos viendo un ignoto partido el 21 de noviembre del 2022, un Estados Unidos vs Gales, duelo que pasaría a la historia en el grupo de Whatsapp por acuñar una nueva expresión a nuestros intercambios y mensajes. Jugaban los yanquis del yugoslavo (Pulisic) y enfrente los galeses de Gareth Bale. Por supuesto, hinchábamos contra cualquier combinado que se opusiera a los yanquis y esa vez no iba a ser la excepción. Partido anodino, malísimo, no recuerdo casi jugadas.

Lo que sí me acuerdo fue que el contador nos quería deslumbrar con los antecedentes impresionantes de Gareth Bale, jugadorazo del Real Madrid, desequilibrante, estrella, campeón de Europa y la mar en coche. Nos tiraba estadísticas que mostraban una proporción impactante entre partidos jugados y goles y asistencias. Ajá, asentíamos los amigos.

“Pero es un muerto, no la puede ni parar hoy que está ante los ojos del Mundo”, toreábamos al contador.

Curiosamente, y como siguiendo la misma tónica de nuestros comentarios exagerados y subjetivos, escuchamos al comentarista de la tele decir: “Bale está impreciso”.

La secuencia de los siguientes minutos hasta que terminó el partido fue repetir, ante cada error en los pases o pérdida de la pelota del jugador galés con impactantes antecedentes: está impreciso.

También acuñamos la expresión para referirnos a errores de otros jugadores del partido. Por ejemplo, el yugoslavo erró un pase y el profesor patagónico dijo: “Está impreciso, como Bale”.

Y la expresión quedó, sobrevivió a ese y numerosos partidos de campeonatos mundiales, ligas europeas, copas libertadores, ligas locales, cualquier cosa que se jugara y mereciera los comentarios de este grupo de amigos. Hasta si Franco Colapinto agarra mal una curva podemos decir: “está impreciso, como Bale”. 

El galés estrella quedó en este microcosmos de un grupo ínfimo e irrelevante de whatsapp como sinónimo de imprecisión, madre de Dios. Y sobrevive el modismo cuatro años después, y permanecerá siempre que algún jugador no aplique esa consigna simple que enseñó alguna vez el narigón Bilardo: el fútbol es el deporte más fácil del mundo, se la tenés que pasar a los que tienen tu misma camiseta y hacerle el gol al tipo que no almorzó con nosotros.

El sábado a la tarde miramos el partidazo entre Alemania y Costa de Marfil. Si hubieran tenido a Drogba los africanos el resultado hubiera sido otro.

- Lo está perdonando Costa de Marfil - dice el profesor patagónico cuando los africanos no terminaban de liquidar el partido.

- El nueve de Costa de Marfil hace como Fede (su hijo) que tiene 6 años, para la pelota y tarda como veinte segundos para patear - certifica el falso ingeniero, quien se fue a pasar el día a Bella Vista, mira el partido de reojo quemando datos y recibiendo noticias de los otros integrantes del grupo.

El contador apunta, para quitarle romanticismo o heroicismo al triunfo parcial de los africanos, que en realidad varios de sus jugadores de esa selección están en las ligas inglesa, italiana y española.

Los africanos no pudieron contra los europeos.


- Un crack, parece el burrito Ortega. Eso no es fútbol alemán - observo cuando veo enganchar a Musiala.

Quiebres de cintura, tiki, tiki, pero sin contundencia.

- Claro. Si ven este partido Rudi Voller o Klinsmann se cortan los huevos. No patean al arco los alemanes - apunta el falso ingeniero.

Centrodelanteros altos, fornidos, juego directo y centros a la olla eran las características del fútbol alemán de acuerdo a nuestros recuerdos parciales, sesgados.

- Musiala está impreciso, como Bale - apunta el profesor patagónico risueñamente luego de que desperdiciara una buena oportunidad.

Y entonces ingresa un alemán alto, corpulento y empata el partido de cabeza. Cuando se respeta la historia es más fácil. El Tiki Tiki no es para los teutones, concluimos en el grupo de whatsapp.

Los que tocan son los de Costa Marfil, un doble cinco de la gran puta tienen y esquivan la presión germana errando dos, tres, cuatro goles durante el segundo tiempo. En la revista Solofúbol, que leíamos de chicos, había un apartado en que el cronista consignaba el resultado moral del partido, en este caso debió ser al menos un empate.

Entonces, iba a suceder la jugada que definió el partido para los integrantes del grupo. La agarra un recién ingresado Pepé, la tira picando como una gacela por la derecha al vacío. El retroceso alemán es pesado, quedan claros que son magníficamente aprovechados por quien lleva la pelota asistiendo a un marfilense que queda solo frente al arquero, con los alemanes volviendo, pero no van a llegar, ya lo saben. Viene rodando la pelota, mansa, para que el delantero la impacte y marque el gol contra un Neuer casi resignado.

Miramos expectantes en el grupo de Whatsapp deseando como siempre que el débil someta al fuerte, a los alemanes que nos ganaron dos finales del mundo, que los hunda en el barro como Corea y Japón las veces pasadas, que no pasen nunca más de grupos. Y el tipo para la pelota y hace un enganche que neutralizan los centrales alemanes casi con facilidad.

- La puta que te parió – se escucha en el mensaje proveniente desde el sur, de parrte del profesor patagónico.

- Salimos de Bella Vista faltando ocho minutos. Pero se veía venir - dice el falso ingeniero apesadumbrado luego del resultado final. Y agrega -:  Por lo menos ya no se hacen goles por rascarse los huevos en un palo habilitando a todos, pero les falta cerrar partidos así.

Esa jugada estratégica contra sí mismos de algunos equipos africanos nos hicieron reír bastante en el grupo. Por ejemplo, recordamos un juego entre Senegal y Colombia del Mundial 2018, donde el fornido central colombiano saltó y cabeceó hacia el arco senegalés, observándose que en uno de los palos del arco había un senegalés plácidamente recostado contra el parante, pareciendo que nada le importaba menos en el mundo que esa pelota terminara en gol.

Siempre lo mismo, nos dijimos todos. La inocencia de los débiles, que le perdonan la vida a estos tipos a los que le tenés que pegar dos, tres mazazos para quedarte tranquilo y que no se levanten más. Que te la siguen si no, y si los dejás vivir te comen. La superioridad europea, dijo el contador luego de sellado el dos a uno sobre la hora.

Durante el Mundial se recrea el sentimiento noble en el grupo de hinchar por los más débiles. El profesor patagónico y el falso ingeniero llevaron esta máxima al paroxismo y se quedaron a la una de la madrugada para quedarse a ver al seleccionado japonés frente a Túnez. El equipo nipón es una especie de caballo sin chapa al que apostamos recreativamente. En este caso, le hice caso a la persona más racional del grupo, el contador, y me fui a dormir como él, que no mandó ningún mensaje.

El fervor por el seleccionado del imperio del sol naciente viene desde el 2022, cuando celebramos sus triunfos épicos frente a España y Alemania, dejando afuera a los teutones. Después, en octavos de final quedaron afuera con los croatas por no saber patear penales. Con el contador, un día imaginamos que después de eso, con lo metódicos y esforzados que son los asiáticos, seguramente luego de cada entrenamiento se queden pateando series de quinientos cincuenta y cuatro penales. Nos despierta una especie de solidaridad esa patria a la que tiraron los yanquis dos bombas atómicas en 1945. Y entonces tenés que sacarle el sonido al celular porque si no te llegaban los mensajes del falso ingeniero y el profesor patagónico comentando el partido.

Japón superó con claridad a la selección de Túnez.


Tres minutos pasados de la una de la madrugada y estaban los amigos celebrando un golazo de Japón.

Qué calidad, se deslumbran irónicamente. Y comentan que al 15 le rebota en el taco y entra la pelota al arco.

- “Medias bajas” Nakamura, la revelación - propone el falso ingeniero -. Salió de los arrabales de Kyoto - arriesga.

“Un potrero detrás de la fábrica Toyota”, atronan los cantos de la hinchada argentina perfectamente aprendidos por el hincha nipón - aporta color el profesor patagónico, agregando que en cualquier momento cantan la marcha peronista.

Exportamos soja, petróleo de Vaca Muerta y ahora, cánticos de cancha.

- Japón, la azul mecánica - se maravilla el falso ingeniero haciendo juego con su profesión -. En cualquier momento, el arquero tunecino se saca los guantes y toma un taxi rumbo al aeropuerto - recuerda poniéndolo en paralelo con nuestro arquero amigo de cuando éramos pibes, cuando lo cagaban a goles y se quería volver a la casa.

- Me pongo de pie - comenta el profesor desde el sur-: conmovedor Japón tocando la bocha.

- Nakamura te resuelve todo, falta que se ponga a cortar el pasto nada más - concluye admirado el falso ingeniero, y enseguida aporta, racionalmente -: me voy a dormir, este cuerpo de cuarenta y siete años y dos hijos pequeños ya no da para estas horas.

Pero los japoneses siguieron jugando, hasta que el sol naciera acá en el sur, como el imperio.

author: Sebastián Giménez

Sebastián Giménez

Escritor y trabajador social. Autor del libro Victoria siempre (Editorial Sudestada), y de relatos cuervos y otros libros setentistas.

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