Talento para vivir y Talento para explicar
Miguel “Pancho” Talento fue un porteño, nacido un 15 de octubre de 1948 y que se crió en el barrio de Flores. Secundario en el Colegio Nacional Buenos Aires. Egresado como bachiller, estudió en la UBA primero Filosofía y luego Derecho, recibiéndose de abogado.
Durante la gestión del profesor Rodolfo Puiggrós al frente de la rebautizada UNPBA (Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires) en 1973, fue un cuadro de fuste de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y referente obligado dirigiendo la FULNBA (Federación Universitaria para la Liberación Nacional de Buenos Aires). Debe recordarse que en aquella gestión primó el impulso de reformas profundas orientadas a la 'liberación nacional' y la apertura popular y que se caracterizó por el ingreso irrestricto, la vinculación con el territorio y la producción de conocimiento crítico.
Pero en 1974 la derechización del gobierno peronista abortó la experiencia y puso al frente de la universidad a un rector interventor –Alberto Ottalagano- que gustaba de saludar con el brazo extendido como los nazis, y es más, a quien lo quería escuchar, se reivindicaba como nazi. “Pancho” Talento fue apresado en 1974 sin un cargo valedero, y encarcelado. Al año siguiente opcionado, abandonó el país y se exilió en México, para regresar a la patria en 1984.
Producto de una larga y tristísima enfermedad denominada Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) falleció a la edad de 78 años, el sábado 7 de febrero de 2026. Sus restos mortales fueron enterrados en el cementerio de Navarro, provincia de Buenos Aires.
Talento y Ventura en el velatorio del General Perón (2-7-74).
Pero lo que me interesa en esta reseña es recuperar y poner en valor lo que él escribió en el año 2004 con respecto a una generación que en los ’70 se entregó de cuerpo y alma para lograr la liberación nacional y social de nuestra patria. Estoy frente a uno de los mejores relatos explicativos que he leído. Decía Pancho:
“La Argentina llega a los ’70 en un estado de creciente ebullición política y social. Los diversos intentos por desarticular el Estado de Bienestar generado por el primer peronismo no habían logrado avanzar con mayor éxito por la enorme eficacia de la resistencia popular que impidió la consolidación de un sistema político con cláusulas proscriptivas y un mayor retroceso en las conquistas sociales y culturales obligando al partido militar a la fuga hacia adelante con su golpe de 1966.
La amplia reacción social a este intento de esterilización política y conducción burocrática y vertical del Estado –sin preocupación alguna por legitimar el ejercicio del poder luego del acto violento de usurpación del mismo-, produjo episodios insurreccionales urbanos inéditos en la historia nacional, desarrolló un nuevo protagonismo de masas con predominio juvenil y se articuló en forma progresiva con las organizaciones armadas que habían hecho su aparición en la escena política nacional a finales de los ‘60.
Tuvo importancia en este cuadro el proceso de nacionalización y radicalización de los sectores medios. Originalmente integrados al bloque triunfante en 1955, estos sectores, respondiendo a diversas tradiciones políticas, fueron migrando y oponiéndose en forma creciente al sistema político de tutelaje militar.
La evolución y confluencia de marcos ideológico-políticos de distinto origen –nacionalismo, catolicismo, izquierdas, judaísmo- se amalgamaron en un reclamo de protagonismo y resolución de la situación nacional muy diferente al proyecto dictatorial del partido militar. Y en su gran mayoría tomaron como referencia de esa polarización a Perón y al peronismo frente al partido militar conducido por Lanusse y sus variantes políticas electorales.
Las corrientes ideológico-culturales que confluían en esa amalgama de principios de los setenta tenían en común que eran discursos de la acción. Se justificaban y organizaban sobre la base de proponer acciones. Y esas acciones estaban encadenadas a unos objetivos de cambio social, político y cultural revolucionario en tanto abrevaban en variadas fuentes de crítica al sistema capitalista.
Sectores de izquierda que reconocen la identidad peronista del sujeto obrero, nacionalistas que llegan a la certeza que sin pueblo es vana la idea de Nación, católicos posconciliares que se deciden a una pastoral comprometida con los que sufren y tienen hambre y sed de justicia, judíos laicos, no sionistas o sionistas de izquierda que buscan integrarse desde su identidad a un proyecto de cambio y construcción nacional abandonando las lógicas cerradas de una cultura perseguida.
Elegir el compromiso y la lucha, integrarse y fundirse en un colectivo revolucionario, definir el proyecto individual de vida encajado en la voluntad de construcción de un proyecto social, multitudinario y colectivo, moldearse cada día en el trabajo militante para ser cuadros integrales capaces de desempeñar las muy diversas tareas revolucionarias, poner en ejercicio cotidiano una nueva moral prefigurando un nuevo hombre, anunciando las futuras relaciones humanas solidarias, fraternas, basadas en la justicia y la igualdad.

Protesta callejera. La JUP presente. Talento sostiene en alto la antorcha con la que prendieron fuego la bandera del imperio del Norte.
La magnitud de los objetivos requería de una voluntad enorme y firme y de una gran entrega a esa magna tarea de forjar una sociedad distinta. Sabiendo que los obstáculos para alcanzar ese luminoso mañana serían muy importantes, se reforzaba la idea de sacrificio y de testimonio en la lucha cotidiana. La idea de trascendencia en los ideales integraba y definía el proyecto de vida de miles de jóvenes que abrazaban la idea de ser los artífices de la revolución inconclusa que requería nuestro país.
Y desde esa perspectiva estaban dispuestos a poner en riesgo y en juego el mayor valor humano que es la vida propia. Elegían la lucha para lograr el cambio y si el sacrificio era el precio, se estaba dispuesto a pagarlo. Morir por el cambio, por la revolución, para dar testimonio, para que la Patria viva, para que la lucha continúe y resulte exitosa, pavimentando con el sacrificio personal la ancha avenida de una sociedad distinta y mejor”.
Nada menos…
No se logró. Treinta mil secuestrados, desaparecidos y asesinados nos demuestran, como bien expresaba Rodolfo Walsh en uno de sus prólogos de “Operación Masacre”, un retrato viviente de la oligarquía sanguinaria en nuestra Patria. Escribió:
“Otros autores vienen trazando una imagen cada vez más afinada de esa oligarquía, dominante frente a los argentinos y dominada frente al extranjero. Que esa clase esté temperamentalmente inclinada al asesinato es una connotación importante, que debería tenerse en cuenta cada vez que se encare la lucha contra ella. No para duplicar sus hazañas, sino para no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”.

Esta foto tomada en el casamiento de Silvia Alberte en el mes de julio de 1974, rodeada de su flamante marido y otros jóvenes peronistas revolucionarios, es una clara muestra del compromiso asumido hasta las últimas consecuencias por aquella “juventud maravillosa” que de la noche a la mañana dejó de serlo.
De izquierda a derecha: Carlos Guillermo Fassano, asesinado el 11-10-78; José Pablo Ventura, asesinado el 4-1-77; Marcela Cuesta, presa y luego exiliada en Brasil. Vive. Leonardo Bettanin, asesinado el 2-1-77. Miguel Talento, preso y exiliado en México para salvar su vida, fallecido el 7-2-2026; Roberto Corvaglia parte al exilio español para no ser asesinado, fallece el 25-3-2020 de un cáncer de páncreas; Alberto Bello, asesinado el 12-6-76. Silvia Alberte, exilio interno, sale del mismo con riesgo de perder la vida, para denunciar a la dictadura cívico-militar ante la Comisión Interamericana de DD.HH., de visita en Buenos Aires en 1979; , fallecida de un aneurisma cerebral en septiembre de 2003; Horacio Roberto Machi, asesinado el 1-3-77; Juan Carlos Dante Gullo, preso 8 años y 8 meses, fallece el 3-5-2019, producto de una afección clínica agravada; Nora Patrich, obligada a un exilio forzoso en varios países, fue operada con éxito de un tumor cerebral, aún vive y sigue militando.
(La fotografía fue aportada por Hernán Delpech, ex militante de JUP, que tiene a su hermano Luis María Delpech, secuestrado-desaparecido desde el 11-12-76).
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