Internacionales

El fin del derecho internacional

Con la intervención en Venezuela de parte de Trump, en nombre de los EEUU, una buena parte del mundo mira con espanto el fin del derecho internacional tal como lo conocimos luego de la segunda guerra mundial. ¿Y el rol de las organizaciones internacionales? Posibles escenarios para el futuro inmediato de Venezuela.

5 de Enero de 2026

Por Víctor Sudamérica

Sin lugar a dudas, estamos atravesando un momento que, para quienes nos apasionan las ciencias sociales, no tiene desperdicio. Sin embargo, detrás de este berretín es necesario identificar distintos niveles de análisis.

En un primer nivel, debemos dejar algunas cuestiones en claro. La primera: nos encontramos ante la infamia más grande que puede sufrir una nación soberana, una invasión imperial como la que Estados Unidos ha llevado adelante en Venezuela. Por primera vez en la historia, la población civil de un país sudamericano sufre bombardeos directos por parte del imperio. Este hecho lo venimos anticipando desde las últimas dos notas publicadas en Kranear, donde señalamos las implicancias de la actualización de la Doctrina de Seguridad Nacional de la era Trump, una reformulación abiertamente bárbara de la Doctrina Monroe.

Dicho esto, avanzamos sobre un segundo punto de claridad: lo que hoy ocurre en la República Bolivariana de Venezuela no es una crisis política interna, es una crisis infringida por los Estados Unidos. El tercer elemento a subrayar es que la invasión se explica por la motivación imperial de saquear los recursos naturales venezolanos; dicho de otro modo, se inscribe en una problemática geopolítica ligada al control estratégico de materias primas, presentada cínicamente bajo el ropaje de la lucha contra el narcotráfico.

En un segundo nivel analítico aparecen las consecuencias. La invasión imperial es el síntoma definitivo de un cambio de era global, que inaugura una instancia de crisis sin resolución concreta. Caminamos, así, hacia una incertidumbre mundial. Esto se explica por el fin del derecho internacional tal como lo conocimos en la posguerra y por el regreso descarnado de una guerra mundial que ya no necesita declararse formalmente en los parlamentos para cobrarse sus víctimas. En este escenario, Venezuela se erige como el último bastión de una dignidad que el imperialismo busca quebrar a cualquier costo

El colapso del orden jurídico global

Durante décadas se nos vendió la ilusión de un orden mundial regido por normas, tratados y respeto a la soberanía de las naciones. Sin embargo, las crónicas actuales muestran una realidad mucho más sombría. Como señalan diversos analistas internacionales, ya no puede hablarse de un derecho que proteja a los débiles. El sistema internacional ha implosionado, dejando paso a una lógica de fuerza bruta en la que Estados Unidos decide quién tiene derecho a existir y quién debe ser borrado del mapa político. Esta situación se agrava con la complicidad de representantes nacionales que avalan la barbarie, como el caso argentino.

Este vacío legal no es un accidente: es una herramienta. El imperio actúa en el desorden; es allí donde mejor se mueve. No es casual que sus felpudos locales reivindiquen el anarco-capitalismo, un desorden diseñado para el saqueo. Al destruir el derecho internacional, el imperialismo recupera la capacidad de actuar sin límites, transformando al mundo en un campo de batalla permanente. Los acontecimientos se suceden con mayor velocidad que las reacciones, lo que profundiza la sensación de crisis. El pueblo y la resistencia deben reinventarse.

En este contexto, Venezuela no es solo un país con petróleo. Para los latinoamericanos de bien, aspira a ser el símbolo de una desobediencia que el nuevo desorden mundial no puede tolerar. Surge entonces una serie de preguntas: ¿por qué ya no se puede confiar en las organizaciones internacionales? La respuesta es dolorosa, pero necesaria: porque esas instituciones han sido cooptadas para funcionar como escribanías de la voluntad de Washington. Una segunda pregunta se impone: ¿existen nuevas instituciones producto de nuevos agrupamientos mundiales? Sí: los BRICS. Y la incógnita final permanece abierta: ¿podrán construir un nuevo orden? Aún no tenemos la respuesta.

La guerra híbrida contra el pueblo venezolano

En Venezuela es posible hablar de un bombardeo multidimensional. La guerra ya no se limita a una dimensión estrictamente militar. Desde este portal se denunció en reiteradas oportunidades que Estados Unidos ha comenzado a bombardear Venezuela bajo la excusa de la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, el bombardeo y la invasión de este fin de semana no buscan solo destruir infraestructura ni capturar a Nicolás Maduro, sino pulverizar la economía, apropiarse de recursos naturales y favorecer a las empresas petroleras norteamericanas. Todo ello tendrá consecuencias profundas en el tejido social y en la moral de un pueblo que hoy debe decidir, más que nunca, ser arquitecto de su propio destino.

Las sanciones, el bloqueo financiero y la manipulación del valor de la moneda funcionan como los misiles de esta nueva era, la diplomacia del dólar sigue siendo parte del saqueo. Este asedio sistemático busca generar un caos que justifique, ante los ojos del mundo, una supuesta intervención “humanitaria” que no es otra cosa que una invasión encubierta. Nada nuevo bajo el sol de las prácticas imperiales, que hoy encuentran en el cipayismo de turno un canto de sirenas en nombre de la libertad.

Las redes sociales —como X— se han convertido en otro frente de batalla, donde se intenta instalar la narrativa de un Estado fallido mediante cuentas y perfiles que operan como repetidoras, muchas veces gratuitas, de los intereses del Departamento de Estado. Cada tuit, cada video editado y cada noticia falsa constituyen fragmentos de ese bombardeo mediático destinado a quebrar la voluntad popular. Como señala Giuliano da Empoli, las redes y los algoritmos funcionan como amplificadores de prejuicios y emociones, favoreciendo la polarización, ya que la lógica de las plataformas premia el conflicto por sobre la deliberación. 

La incertidumbre y la espera

Identificamos al menos tres escenarios de conflicto e incertidumbre. El primero es Venezuela. Una vez capturado Maduro, la llamada “gusanera” venezolana, encabezada por Corina Machado, se arrogó la conducción de la transición y el destino del país. Sin embargo, Trump, con su impronta desfachatada, la corrió del escenario en cuestión de segundos, sosteniendo que no era la persona adecuada para este momento. Allí se abre el primer capítulo de la incertidumbre.

El segundo foco de incertidumbre se vincula con el reconocimiento de la autoridad de Delcy Rodríguez, quien debió ocupar el lugar de Maduro en la presidencia. Según Trump, sus funcionarios estarían trabajando con Rodríguez en torno a una transición. No obstante, la incertidumbre se profundiza cuando la propia Rodríguez sostiene que continúa reconociendo a Maduro como presidente. Lo que sí parece claro es que, para Trump, las discusiones políticas sobre la transición venezolana son un “tema menor”: lo que verdaderamente interesa es el petróleo.

A esto se suma otra duda central. El propio Maduro había señalado contar con una sólida defensa del espacio aéreo, algo que en los hechos no se verificó. No existe operación de inteligencia de la CIA sin algún tipo de apoyo local. El tiempo dirá hasta dónde llegan estas sospechas.

También queda por verse de qué manera se articulará, en una eventual transición, la pata política de Delcy Rodríguez con el ala militar encabezada por Diosdado Cabello y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López. A priori, nadie puede negarles el ADN chavista a estas tres figuras, aunque la historia latinoamericana ofrece numerosos ejemplos de cambios de posición y relecturas estratégicas.

En clave internacional, nadie desconoce el nivel de inversión de China en la economía venezolana, ni la influencia rusa en el país caribeño. Más allá de algunas declaraciones de políticos de segunda línea, hasta el momento no han emergido voces de peso en el sistema internacional que sancionen la invasión yanqui u ofrezcan una respuesta alternativa.

El segundo gran escenario de incertidumbre es América Latina, que atraviesa un momento de equilibrio crítico. Existe un grupo de gobiernos que funcionan como simples gerentes del imperio: Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, Peña en Paraguay, y los recientes gobiernos de Bolivia y Chile. En el reverso aparece Brasil, la economía más fuerte de la región, con Lula da Silva, quien —con sus tiempos y modos— comienza a ocupar el lugar de liderazgo que dejaron en el siglo XXI Hugo Chávez, Néstor Kirchner o Pepe Mujica. Brasil y Lula vuelven a marcar el destino de América Latina. En una posición más compleja, pero relevante, se ubica Claudia Sheinbaum en México, quien mantiene un perfil soberano en sus intervenciones continentales.

Finalmente, los sucesos en Venezuela se inscriben en una incertidumbre de alcance mundial, que constituye el tercer escenario. Toda crisis implica conflicto, y a escala global este adopta una forma tripartita. Estados Unidos ha decidido ejercer su poder imperial prioritariamente en América Latina: la injerencia en las elecciones de Honduras y Argentina, los bombardeos en Venezuela, las amenazas a Colombia y México, las promesas de anexiones, las sanciones comerciales y todo el arsenal conocido de la política imperial así lo demuestran.

El segundo escenario mundial de conflicto es Europa, donde Rusia comienza a asumir un rol preponderante en una disputa relativamente más equilibrada, protagonizada por la OTAN y el gobierno de Putin.

El tercer escenario global es Asia, donde China aparece como potencia hegemónica, aunque en los últimos tiempos Japón, con el respaldo de Estados Unidos, también ha dado señales de reactivación de su poderío militar.

Todo esto ocurre mientras Venezuela se desangra bajo el peso del imperialismo. Pero todo esto, también, ayuda a explicar a Venezuela.

Sigamos conectados. Recibí las notas por correo.

Suscribite a Kranear

wave

Buscador