No hay 19 sin 18

Luego del encuentro nacional de la militancia que el peronismo organizó en San Luis, el autor de la nota realiza un análisis de cara al futuro, sin perder de vista un solo dato del pasado reciente. El proceso de construcción de la unidad, las peleas que tiene por delante el pueblo y con las que el movimiento nacional debe comprometerse, como por ejemplo el aborto legal y gratuito que impulsa el movimiento de mujeres. El rol del kichnerismo. La calle. La tarea de organizar el descontento social.

Por Manuel Saralegui

Mañana va a ser un gran día te lo digo yo
nos vamos a mirar las caras entre todos
el norte no va a estar arriba, va a ser todo sur
ya no van a sangrar las manos de esos pocos
-No Te Va a Gustar-

Hubo encuentro por la unidad opositora en La Pedrera, San Luís. Más que la lista de asistentes, en la cual destaca el compañero Hugo Moyano, y el visto bueno de varies gobernadores (que al final no se animaron a poner la jeta), lo que entusiasma es la consigna #Hay2019. Obvio, imposible no entusiasmarse con ganar. Somos peronistas, queremos ganar para transformar.

Ahora que variopintos sectores panperonistas entienden que el kirchnerismo no es el pasado, sino un presente muy vivo de lucha, ahora que casi todes aceptan que sin-el-kirchnerismo-no-se-puede, les pido por el amor de dios que no dejemos de ser kirchneristas, ni pensemos que todo se resuelve en un acto en San Luís.

Lo de San Luís está buenísimo, ojo no quiero bajarle el precio, y es muy necesario. Pero no nos enrosquemos. No hay 2019 sin 2018. El carro adelante del caballo y todo eso. Porque lo importante es que están pasando cosas en la sociedad.

Quienes juntamos firmas contra la reforma previsional sabemos que funcionó. Las planillas se firmaban solas, y las conversaciones fluían sin mucho esfuerzo. Los escándalos de corrupción, offshores y demás le hacen daño a un gobierno que parecía de amianto. Hay un 2018 repleto de posibilidades políticas. Y para ganar el año que viene, hay que hacerle daño al macrismo, hay que hacer oposición, y sobre todo hay que organizar. Si somos inteligentes, mañana va a ser un gran día, te lo digo yo.

La lucha
En todos los debates sobre la unidad del peronismo, la figura de Alberto Fernández siempre aparece en el medio, aunque une nunca entienda bien por qué. ¿Leyeron lo que dijo sobre la 125? Porque estos días se cumplen 10 años de la Resolución 125, quizás el momento fundante del kirchnerismo como experiencia e identidad política. Nuestro momento bisagra. Esto tiene para decir el ex-jefe de gabinete:

“Lo que ocurrió con la 125 fue que empezó la idea de la política maniquea, que dividió aguas entre buenos y malos. Y creo que fue muy nocivo. Esta es mi visión. Cristina la impuso muchas veces pero no se notó tanto porque tenía la resistencia de los grandes medios de comunicación. Mauricio Macri perfeccionó esa política con la anuencia de los grandes medios de comunicación, por eso el daño que hace Macri es infinitamente mayor que el que hacía Cristina”.

Uf. Parece que la Argentina era un país feliz, del diálogo y el consenso, y luego llegó Cristina con su “maniqueísmo” y lo estropeó todo. Ah, pero como Macri es más maniqueísta que Cristina, es peor (?), entonces hay que unirse con la maniqueísta de Cristina para ganarle al maniqueísta de Macri (???).

Maniqueísmo, que no es la defensa de los maniquíes, sino el temita este de la grieta. La Argentina como una larga historia de grandes consensos, unicornios de colores y festilindo, pero todo se cagó por el accidente de la 125 y Cristina que dividió el campo político entre amigues/enemigues. Locamente, fue la 125 donde nació el kirchnerismo. Fue la confrontación de proyectos políticos, la disputa de una parte de la sociedad por representar al todo, pero también nombrar a los enemigos de la sociedad. Es decir, la construcción de un pueblo y un antipueblo, la lucha por la hegemonía.

¿Hay que construir una unidad que incluya a Alberto Fernández? Bueno, dale. Pero el contenido de esa unidad es, para decirlo mal y rápido, kirchnerista. Es una unidad de lucha, confrontación, intransigencia. Si no, estamos destinados a jugar mal y perder por goleada. Ningún armado opositor puede reducir ni domesticar nuestra obstinación kuka. Somos irredentas, envalentonadas, resistentes y peronistas. No hay durazno sin pelusa, no hay victoria sin batalla. Los derechos se conquistan quebrando privilegios, disputando poder.

Recordemos que estamos construyendo un proceso de unidad con quienes se bajaron del caballo durante nuestros días felices. Lo más fácil es sacarse una foto y olvidarnos de los motivos que nos distanciaron. Pero la foto tiene que venir de mano de la lucha. ¿Quieren luchar? Vamos, hagamos oposición, enfrentemos el ajuste y la persecución.

Lo que logramos en diciembre, con la reforma previsional, fue que la oposición asumiera la posición kirchnerista. La posición kuka de no transar, de oponerse, de decir que NO al ajuste y al dolor. Sin concesiones. Nuestra tarea en cualquier frente opositor que se comience a construir no son los nombres ni el “armado”, sino la posición política.

El kirchnerismo
¿Qué es el kirchnerismo hoy? ¿Es Cristina y sus votantes? Sí, es eso, pero no sólo. Es más que eso. Es una posición política que nace de la experiencia de gobierno popular. El kirchnerismo 2018 es una fidelidad a aquello que vivimos y nos atravesó durante 12 vertiginosos años. Eso que sentimos cuando vimos a un Presidente hablar de memoria verdad y justicia. Ese entusiasmo de ver nervioso a Clarín y enojada a la Sociedad Rural. Las lágrimas del matrimonio igualitario o la dignidad de la AUH. La política como herramienta de transformación. La política como la creadora de posibilidades impensadas, la política como revelación, como insumisión, como convocatoria a soñar aunque sea por un ratito.

Eso que vivimos fue real. Sucedió y nos atravesó. El filósofo Alain Badiou llama acontecimientos a las transformaciones en el mundo de lo posible/imposible. Eso fue el kirchnerismo. Un acontecimiento político que cambió el juego. Para nuestra generación, la fidelidad es no olvidarnos por qué estamos acá. Qué fue lo que creímos cuando volvimos a creer en la política. Porque si la política se reduce a lo menos peor, a lo no-Macri; eso es la resignación y el abandono de la potencia transformadora.

Cuantas más victorias políticas podamos arrebatarle al macrismo, cuanto más sentido común anti-neoliberal podamos lograr, cuanto más logremos organizar a la sociedad, más se parecerá el frente opositor a nuestros anhelos transformadores.

La revolución
En su libro “Sublunar”, el historiador Javier Trímboli se pregunta por qué nunca nos animamos a decir la palabra revolución durante el kirchnerismo. Nunca la usamos. O casi nunca. En otras latitudes (Bolivia, Venezuela), se usó mucho más que acá. Quizás sonaba a nostálgico, o quizás no la necesitábamos. Estábamos ocupados en otras cosas. Fue una bellísima década donde ampliamos derechos a los ponchazos, nos enfrentamos con Magnetto, Lorenzetti, Paul Singer, la SIDE y el imperio; pero la falta de un horizonte utópico claro nos fue dejando sin nafta llegando al 2015.

Sin desmedro de programas de unidad y agendas opositoras, el campo popular necesita reconstruir su horizonte de transformación. Si, como decía Cooke, les verdaderes revolucionaries somos nosotres, es menester empezar a serlo.

En la Argentina hay una revolución en curso, y es el feminismo. La marea feminista libera y nos libera. Lucha y avanza. Nombra al patriarcado y al capitalismo sin reparos. Nos habla de futuro sin nostalgia ni miedo. Marca el camino. Como dice acá Juliana Di Tullio: “[El feminismo] no es solo lucha, es transformación de fondo y revolución”. Revolución.

El feminismo interpela al campo popular, interpela al kirchnerismo y al peronismo. No se trata de que nos subamos al tren porque “garpa”, nos saquemos la foto con el pañuelo y listo. Si pensamos así estamos frites, y cuando es impostado, se nota mucho. Se trata de que el feminismo nos atraviese y nos revolucione. Nos transforme en otra cosa, en algo mejor. Es una tarea donde el protagonismo lo tienen las compañeras, que están transformando la política y la sociedad.

La construcción
Dijo Máximo Kirchner inaugurando un local en Lomas de Zamora:

“Tenemos que ser inteligentes. Miren, no hay que reconstruir lo que fue. Tenemos que animarnos a construir lo que viene con lo mejor de los 12 años que sucedieron y con aquella linda historia que tenemos con San Martín, Rosas, Perón, Yrigoyen y Alfonsín. Tenemos que tener la capacidad de síntesis superadora, y no enamorarnos de aquellos momentos que por buenos siempre vamos a recordar”.

“Ustedes, que tienen toda la fuerza, que es su voto, que es su militancia, vayan calle a calle y barrio a barrio este año. Este año no hay elecciones. Es el año de la construcción. Pero no de una unidad por la unidad misma. Una unidad que sea firme y consistente que permita dar las peleas que tiene por delante el pueblo argentino. Que aprendamos de esto que venimos viendo en estos días con las compañeras en el 8M, les trabajadores el 21, con lo que fue la resistencia en diciembre en la Plaza de los Dos Congresos. Hay una oportunidad”.

Seamos inteligentes, repite varias veces. No se trata de reconstruir el 54% de 2011. Eso no va a volver, ya fue. Ahora toca otra cosa. Nos toca construir una unidad para dar las peleas que tiene por delante el pueblo argentino. No es la unidad por la unidad misma. Eso es verso para la gilada.

¿Cuáles serán las peleas por delante del pueblo argentino? Ahora mismo, por ejemplo, tenemos por delante la posibilidad de acompañar los pañuelos verdes y juntar votos para lograr el aborto legal. No sacarse la foto. Comprometerse políticamente a esa lucha. Eso es hacer kirchnerismo. Aprovechar la coyuntura para empujar la ampliación de derechos.

Hay una oportunidad. En el 2018 van a pasar cosas, muchas cosas. Habrá acontecimientos nuevos, a los que deberemos entregar nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras cabezas siendo inteligentes, como pide Máximo. La victoria popular del año que viene se conquista en la lucha popular de este año.

La militancia política de base tiene quizás la tarea más importante. El 2018 es un año de construcción. En la medida en que se deterioren las condiciones económicas (que lo harán) y el descontento social busque organización y representación, ahí tenemos que estar. Organizar el descontento es hoy una tarea posible y necesaria.

Ya no estamos en el desierto del 2016, donde nos juntábamos en plazas entre nosotres a darnos aliento y cantar que vamos a volver. Los tiempos se aceleran y ahora pasan cosas. Hay conflictos por doquier. Hay malestares que politizar. Hay pueblo por organizar. Las condiciones son excelentes para hacer kirchnerismo, kirchnerismo del bueno, el kirchnerismo que se viene: revolucionario, feminista, popular, transformador. El kirchnerismo del futuro, que va a vencer.

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