Misa Rodriguera

Crónica del show que ofreció el trovador cubano en Avellaneda, de cara a una multitud que colmó la ciudad no solo para escucharlo, emocionarse, sino también para juntarse y de esa manera generar un hecho político colectivo, de resistencia, en tiempos de franco retroceso.

Por Luis Gras. Fotos: Municipio de Avellaneda.

El domingo 28/10, el inmenso Silvio Rodríguez hizo un show en la Ciudad de Avellaneda. Para aquellos que lo criticaban por sus shows en el mítico Luna Park, en la que hubo entradas que llegaron a costar $5000, sepan que en este el recital fue gratuito, y la organización, a cargo del municipio, solicitó que el que tuviese ganas llevase un alimento no perecedero. Al llegar a la zona pudimos ver que amontonaban en dos montañas de paquetes de arroz, fideos, azúcar y legumbres.

Eran las 14 horas y el ingreso de gente no cesaba, aún cuando el recital estaba anunciado para las 18. El escenario fue montado sobre la Av. Belgrano de espaldas al puente del ferrocarril Roca, a la altura de la plaza Ucrania. Decenas de familias se iban acomodando con el mate y las reposeras. Ya se veía mucha juventud. El ingreso se había dispuesto por el cruce de la calle Italia, o sea, a 300 metros del escenario, suponiendo los organizadores que tal distancia iba a ser suficiente.

Alrededor de las 16 horas comenzaron a salir a escena los músicos invitados. Emiliano del Río, Patricia Malanca (local, de Avellaneda) y el jujeño Bruno Arias. También cantó la venezolana Cecilia Todd.

La avenida Belgrano fue colmada por una multitud.

La gente seguía llegando y nos íbamos apretando cada minuto un poquito más. Los más audaces, así como zonceando, iban ganando lugares cada vez más adelante. Todos querían estar al lado de Silvio cuando subiera al escenario.

Ya para ese momento se computaban unas 50 mil personas. Los 300 metros de avenida ya estaban cubiertos. La hora avanzaba y los artistas seguían desfilando. Llegada las 18, Silvio todavía no aparecía, la gente ganando la zona. Los gritos, las consignas y ese sabor de estar todos juntos comulgando en una misa que, esta vez no es Ricotera, sino Rodriguera.

En cada mirada de ilustres desconocidos sentíamos que todos íbamos por el mismo camino, que la consigna del otro también era la nuestra y por fin… Silvio ascendió al escenario. La gente seguía llegando. La multitud se veía hasta donde nos daba la vista. 100 mil personas, decía la conductora. Silvio y sus músicos no daban fe de lo que veían, quizás acostumbrados a presentaciones, en Cuba, más humildes en cantidad. Probablemente porque los cubanos lo tiene siempre allá.

El espectáculo fue declarado de Interés Municipal.

Antes del recital, Jorge Ferraresi, el intendente de Avellaneda, dijo: “Es necesario recuperar la alegría en estos tiempos de persecución de líderes de la región. Necesitamos unirnos para recuperar a la Argentina en el camino de nuestros próceres, como San Martín, Artigas, Perón, y los luchadores populares, como el Che Guevara. Estamos de pie y vamos a luchar por la dignidad, por la libertad, por el trabajo”, y el aplauso fue, cerrado, masivo y emocionante. Lo acompañaron Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, dirigentes políticos y referentes de la Cultura.

El show comienza y la gente acompaña con fervor todos los temas, aun los no conocidos, hasta que en el medio de un tema, una tos, el silencio de Silvio. Los músicos continuaron tocando, cual orquesta del Titanic. Silvio tosía. Las 100 mil personas en silencio. Pasaban los segundos hasta que un vaso de agua hizo el milagro y Silvio siguió cantando un tema sobre una mariposa. Luego vino otra canción, pero en esos instantes, una mariposa nocturna atraviesa el escenario y refleja en su vuelo los colores de las luces que la iluminaban.

En más de un momento de la tarde-noche y desde distintos puntos del gigantesco auditorio natural, a cielo abierto, se coreó la conocida consigna contra el presidente. Con ganas. Con bronca. Los pañuelos por el aborto legal, seguro y gratuito también fueron una vez más una marea verde.

“Aborto legal en el hospital” fue una de las consignas de la noche.

Sobre el final del show, la gente cantaba “Ojala”, tema que Silvio había dicho que era el ultimo. Los músicos se despiden y salen del escenario pero la gente no se mueve de su lugar, al grito de “Silvio no se va”. Instantes después, Silvio apareció otra vez, volvió a cantar y dijo “Ángel para un final y final”, en referencia al nombre del tema y el cierre, ahora sí, del show.

Silvio se va, algunos se empiezan a ir otros se quedan y gritan a coro “Silvio, Silvio, Silvio” y entonces vuelve a salir, esta vez con toda la banda. Toca otro tema, y otro, y otro hasta que ahora sí, se retira. Pero la gente no. Fue necesario que la conductora saliera a decir que Silvio ya no estaba. Solo así la multitud empezó a retirarse. Todos en paz, sin policías, sin represión, en un distrito en el que nos sentimos cuidados, como en casa. Nos hace bien juntarnos en estos tiempos aciagos, reconocernos en el de enfrente, en el de al lado. Es que de este lado de la grieta nos une la empatía por el otro. O como dijera nuestra gran compañera, “La patria es el otro”.

Rodríguez tiene un amor incondicional con el público argentino.

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