Volver mujeres

Con la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades, el flamante gobierno popular vuelve mejor porque amplía las funciones del Estado para prevenir y combatir la violencia de género y fortalecer la formación con perspectiva de género en el ámbito público y privado. La excelente noticia se completa con la designación de una luchadora como Elizabeth Gómez Alcorta al frente de la cartera.

Por Leticia Martín

El 10 de diciembre, en la Plaza de Mayo, luego de asumir como presidente de todxs los argentinos, Alberto Ángel Fernández tuvo un furcio hermoso, que corrigió enseguida. “Volvimos para ser mujeres”, dijo. Y enseguida, casi sin pensarlo, montó una palabra encima de la otra: “mejores”. Volvimos para ser mejores. Eso quiso decir. Pero ese “mejores” inclusivo contuvo, de forma inconsciente, a las mujeres y diversidades todas.

La psicoanalista Verónica Buchanan escribió en su muro de Facebook: “me gustó el fallido no porque ser mujer sea mejor, sino porque nunca se vuelve siendo igual”. Y es cierto. El hecho de ser mujer, o varón, o la diversidad que sea, no nos hace mejores o peores, como sí nos cambia el hecho de repetir algo con intenciones de hacerlo bien, en serio, mejor.

Pero retrocedamos al momento del discurso inaugural, en el Congreso de la Nación. Ese mismo día, ante la asamblea y el gobierno saliente, el flamante presidente hizo varios anuncios de trascendencia histórica. La restitución de las –ahora– secretarías de salud y cultura a su rango de ministerios, la reasignación de los fondos reservados de la AFI al Plan Alimentario y la creación de Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, que por primera vez tendrá rango ministerial y presupuesto para tal fin en nuestro país. Pongamos la lupa sobre la trascendencia del último anuncio.

La redacción del decreto 7/2019, presentado el mismo día de la asunción, y publicado al otro día en el Boletín Oficial, expresa algo que era obvio: “resulta insuficiente la actual estructura de la Administración Pública Nacional para llevar adelante políticas integrales de género y diversidad”. Con la creación del ministerio, el gobierno vuelve mejor porque amplía, con un hecho definitivo, las funciones del Estado y sus competencias para hacer cumplir lo ya consagrado en las leyes Nº 26.485 –de protección integral de las mujeres– y 26.743 –de identidad de género–; volviéndolas objetivos prioritarios.

Es tan importante que las leyes se debatan y se agiten en los medios y en las calles, como que se escriban y promulguen, se respeten y se hagan cumplir. Y la tarea del Estado es velar por que así sea. De nada sirve llenarse la boca de frases lindas o apoyos simbólicos, si los hechos no contrastan esos dichos.

“Hacer lo que hay que hacer”, como decía el slogan del gobierno anterior, no es solo hacer obras (algunas, las que no se frenaron con la devaluación y el achicamiento de los gastos tras los reiterados préstamos solicitados). El cemento no es la única cosa concreta que necesitamos los argentinos. Hacer es, también, y decididamente, priorizar cuestiones, no olvidar otras, no abandonar por el camino las luchas históricas y trabajos de hormiga de los distintos sectores y actores.

La creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, implica una cantidad de pensamiento y trabajo humano destinado a estos fines, así como, contar con presupuesto para que los programas se creen, o amplíen –en los casos en que ya existan– y el aporte a la formación con perspectiva de género de muchos de los ciudadanos y funcionarios públicos.

El compromiso con estas cuestiones no se limita al territorio nacional. La Argentina adhirió a tratados internacionales en su lucha por la igualdad de género y diversidades y en este sentido está obligada a oponerse a toda forma de discriminación y violencia. Por esta razón es que, además, el Estado tampoco puede desentenderse de la concreción de políticas que construyan una sociedad más igualitaria, como venía haciendo. Luchar contra la violencia de género implica trabajar para que la muerte de mujeres disminuya, así como una serie de políticas concretas, que deberán involucrar a las empresas como a toda la sociedad civil, en un compromiso concreto contra la discriminación en todos los ámbitos y las violencias de todos los tipos: verbal, simbólica, económica, institucional, y física.

Cuando se terminen de asignar las competencias del nuevo ministerio, habrá que incorporar todo el trabajo que vienen haciendo hace años distintos organismos, como el Instituto Nacional de las Mujeres, por ejemplo, que deberá ser suprimido y reabsorbido por este nuevo ministerio. Pero para eso habrá que esperar a que Elizabeth Victoria Gómez Alcorta, entre en funciones.

Abogada y militante feminista, Alcorta se especializó en derecho penal y derechos humanos, forma parte del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y es docente hace unos veinte años en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde ejerce como profesora interina de la materia de Elementos del Derecho Penal y Procesal Penal. Pero además ha dado muestras de compromiso político en cantidad de ocasiones. Trabajó como subcoordinadora del programa Verdad y Justicia en el Ministerio de Justicia de la Nación, en la Procuración del Tesoro de la Nación, en el Honorable Senado de la Nación y en el Honorable Senado de la Provincia de Buenos Aires. También defendió a la dirigente Milagro Sala, representó en los tribunales a la líder mapuche Moira Millán, y trabajó en la defensa de Facundo Jones Huala. Forma parte de la Asociación de Abogados de Derecho Indígena (AADI), y preside el Movimiento de Profesionales para los Pueblos, la Red “Mario Bosch” -el militante por los derechos humanos- y participó en el Consejo Jurídico de Justicia y Democracia en el Grupo Pueblo.

Con semejante recorrido, y tanta lucha contra la injusticia en el cuero, no tengo dudas que encabezará una excelente primera gestión del ministerio, en el marco de una nueva etapa histórica en la que un gobierno popular propone la ampliación y conquista de derechos.

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