“Buenas noches, soy Luis Novaresio – dice Novaresio”

El escritor Sebastián Robles viene realizando hace más de dos años, por Twitter, una cobertura en vivo del programa Animales Sueltos. Su audiencia creció, según él, por la cuarentena. Confiesa que lo hace para divertirse, y que si bien el programa sirvió en los últimos años para justificar el modelo de exclusión de Macri y la persecución contra el kirchnerismo, advierte que “estos programas de periodismo del establisment tienen una lógica propia”. Dice: “Escribir a Fantino es más divertido que a Novaresio”.

Por Mariano Abrevaya Dios

Esto es droga, tuitea la cuenta verificada del conductor Horacio Cabak en el primer hilo de tuits que Sebastián Robles escribe sobre la edición de la noche del 9 de abril del programa Animales Sueltos que se emite por América TV. Se trata de uno de los primeros comentarios de los setenta que dejaron las casi quinientas cuentas que le dieron me gusta al hilo.

Otros comentarios: varios coinciden en que es mucho más divertido leer el programa que verlo por la pantalla. Una observa lo flaco que está Novaresio. Otro advierte que Sergio Berni, secretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, e invitado a la mesa del programa, quiere ser gobernador, que se le nota mucho. La cuarentena es mucho mejor con tu relato, le dice a Robles una chica. Excelente hilo, comenta otra, resumiendo una de las vergas lobistas más grandes, después de Majul, remata.

El escritor Sebastián Robles comenzó a mirar el programa en algún momento de 2017. Pescó que algo de lo que sucedía en esa mesa, de la mano del carismático Fantino, tenía una relación con lo que pasaba en la calle, o por lo menos una buena parte, que parecía no solo anestesiada ante el avance del programa neoliberal de Macri, sino que lo justificaba. La herramienta que eligió para narrar el programa fue Twitter, la red predilecta de los que se apasionan o son adictos al barro de la política, la rosca, los medios, las operaciones, la grieta.

La adicción del autor que se crio en Villa Ballester fue creciendo con el paso del tiempo. Nunca más paró. Hoy cuenta con una audiencia que espera con avidez las 23.30 para seguir en vivo sus coberturas, cargadas de ironías, sutilezas y una prosa muy cuidada.

Kranear: ¿Por qué te pusiste a hacer esto?

Sebastián Robles: Todo empezó como un juego, y nunca dejó de ser eso. Tampoco ahora. Entre 2017 y 2018 fui un televidente muy esporádico del programa, porque entendía que era representativo de los programas televisivos y periodísticos del establishment, de aquellos años. Me parece que hasta bien entrado el 2018 había una línea de opinión bastante monolítica en cuanto a que el gobierno de Macri estaba haciendo lo que había que hacer en relación a lo económico, y toda oposición a eso era algo bastante residual, incluso vinculado a la delincuencia.

Los programas periodísticos se habían convertido en programas en los que se pasaban partes judiciales, y Animales Sueltos era un exponente bastante claro de eso. Era la judicialización del kirchnerismo e instalar la agenda del gobierno, como por ejemplo las reformas previsional y laboral. Esto no quería decir, y esto lo descubrí al verlos un poco más de cerca, que se tratasen de líneas bajadas directamente del gobierno, sino que eran distintos factores de poder que presionaban incluso al gobierno de Macri. Y esto se veía muy claramente en este programa. Eso me parecía hasta bastante grotesco, pero por otro lado me asaltaba la duda acerca de si yo no sería demasiado conspirativo en esa manera de ver el programa.

K: ¿Por qué Twitter?

SR: Narrar en Twitter todo eso que estaba viendo me ayudaba por un lado a entenderlo, y por el otro a discutirlo con otros usuarios estaban conectados a esa hora de la noche. Esto fue así hasta comienzos de 2019.

Robles cuenta con cada tuit intenta conformar una unidad.

K: ¿Qué te pasó cuando se hizo pública la supuesta asociación ilícita para perseguir y extorsionar opositores que conformaban el falso agente de inteligencia Marcelo D’Alessio y el pseudoperiodista de Clarín, Daniel Santoro, dos invitados habituales del programa?

SR: El caso echó luz sobre algo que los que todos los que veíamos esos programas sospechábamos, que era la intención de influir sobre la opinión pública y otros factores de poder sobre distintas cuestiones. En el caso de Santoro, claramente, a los empresarios. Lo interesante del caso era que Santoro estaba sospechado de investigar a sus propios compañeros del programa. El morbo pasaba por ver cómo iban a reaccionar Fantino y el resto de los integrantes de la mesa, porque parecía que después de semejante revelación, el programa se terminaría.

K: Y qué pasó.

SR: El programa continuó, sin Santoro, y no se discutió mucho el asunto, pero algo se rompió en esa unidad monolítica que había, ese consenso que había sobre el gobierno de Macri y la judicialización de la oposición. Lo verbalizó muy bien un integrante de la mesa, Javier Calvo, una noche de 2019, cuando dijo que se cagaba en Santoro, porque le había hecho muy mal al periodismo, al igual que Lanata.

K: En la calle comenzó a pasar algo parecido.

SR: Exacto, todos esos encontronazos me parecieron un material muy rico para entender también qué estaba pasando en la sociedad de aquel momento, en la que también se estaba resquebrajando el consenso inicial que había con respecto a Macri y su gobierno. Y eso se veía en los enfrentamientos que había en la mesa entre los panelistas, ya que cada uno respondía a intereses y operaciones diferentes. Al narrarlo, uno jugaba con lo no dicho por los integrantes de la mesa y con la complicidad con el lector de Twitter, que entendía muy bien a dónde apuntaba yo por medio del uso de una ligera ironía. Así seguí de cerca el programa durante todo el 2019, y más fuerte aún con las elecciones.

K: Y llegaron las PASO.

SR: Fue muy fuerte ver cómo los dejó la derrota del gobierno, porque ellos le venían explicando a la audiencia que Macri tenían posibilidades de ganar, y se encontraron con esos quince puntos de diferencia, y no podían explicarlos, porque la narrativa con la que se venían manejando era otra. Eso me pareció muy divertido.

Estas son las razones que me llevaron a narrar el programa, y a tratar de ver qué había detrás de lo que se veía, sin apelar a la clásica chicana del sobre, que puede ser cierto, pero me parece poco interesante como recurso para explicar qué es lo que está pasando detrás de la pantalla.

Robles dice que es más divertido escribir a Fantino que a Novaresio.

El programa Animales Sueltos arrancó en 2009, con la conducción de Alejandro Fantino, como una propuesta para la medianoche, con mucho humor, sagacidad, un desfile de famosos y un alto voltaje erótico por la presencia de las vedetes, bailarinas y conductoras del momento. Hoy una propuesta de estas características sería inviable por la alta dosis de cosificación. Coco Silly, Pamela David, Cinthia Fernández, Claudia Fernández, Virginia Gallardo, Flavio Mendoza y Martin Ciccioli, aparte de jugadores de fútbol, empresarios, actores, bailarinas de Showmatch y varios famosos, se sentaban en tupidos sillones de colores, frente al conductor, para reírse frente a cámara, contar intimidades, hacerse autobombo.

En 2012, el programa cambió de formato y el centro de la escena quedó para Fantino y sus entrevistas mano a mano. Casi todo el mundo de la política, los medios, el espectáculo, el deporte y también los que necesitaban prensa, pasaron por la mesa. A partir de 2014, fue muy habitual ver allí a la dirigencia del PRO, y el entonces jefe de gobierno Mauricio Macri, quienes se frotaban las manos con la posibilidad de gobernar ya no la ciudad más rica del país, sino la Nación (y también la provincia de Buenos Aires).

En 2016, con el triunfo de Cambiemos,  el programa volvió a cambiar de formato, y ahora a la mesa del estudio se sentaron varios periodistas y analistas políticos. Eduardo Feinmann, Sergio Berensztein, Jorge “El Turco” Asís, Juan Carlos de Pablo, Fernando Carnota, Romina Manguel, Edi Zunino, Gerardo Young, Maximiliano Montenegro y Pablo Rossi. Una tropa de antikirchnerismo furioso, que actuaba en tándem con otro tanque televisivo del canal, que hizo un producto con la espectacularización de la política: Intratables.

K: ¿Lo recortes que hacés de cada programa son azarosos, o tienen una explicación?

SR: No son aleatorios pero tampoco tienen una explicación puntual. Tienen que ver con el vértigo del programa y de la escritura, que a veces te llevan a escribir de más. En general trato de que cada tuit se pueda leer como una unidad, y mi aspiración es que en cada uno de ellos pueda decir algo más de lo que están diciendo en el programa. Esa es la búsqueda.

K:¿Por qué trabajás con el tiempo presente?

SR: Lo que más me motiva es hablar del presente, aunque estemos hablando del pasado. Tengo una novela en la que hablo de los años noventa, y otra ya terminada en la que hablo sobre Stalin, que aunque trascurren en el pasado yo al escribirlas sentía que estaba hablando del presente. Esta –la narración del programa- es una versión extrema de eso mismo. Extrema además por lo fugaz del resultado. Es una escritura para leer y descartar.

K: La audiencia en Twitter que sigue estas coberturas viene creciendo. ¿A qué se lo adjudicás?

SR: El asunto de la audiencia me divierte mucho y a su vez me genera mucha curiosidad. Comenzó a crecer con la cuarentena y por el manejo muy irresponsable del tema que se hizo desde el programa, y en especial de parte de Novaresio. Atribuyo el fenómeno a estos dos factores y también a la necesidad que hay de leer y de buscar algún sentido de lo que pasa en la televisión. Estamos en casa encerrados mirando televisión. A mí me cuesta hoy en día sentarme a leer una novela, tipo La montaña mágica -de Thomas Mann-, y me cuesta mucho menos leer Twitter. Que mis narraciones acompañen a otras personas durante estos días de cuarentena, me genera mucho placer.

La audiencia que sigue en vivo las coberturas, crece a diario.

K: ¿Qué le aporta al programa Novaresio, y qué perdió el producto televisivo con la salida de Fantino?

SR: Cuando se fue Fantino pensé que el programa no se iba a recuperar nunca más, y lo seguí pensando cuando empezó Novaresio, porque Fantino con su pasado de relator de futbol, es muy bueno, más allá de que muchas veces sea bizarro en su manera de expresarse. Es mucho más divertido escribir a Fantino que a Novaresio. Y eso creo que se perdió. Novaresio le aportó al programa un tono histérico que antes no estaba. No sé si eso es bueno, pero de a poco me voy acostumbrando, y le voy tomando el tono. De todos modos, tengo que ver un poco más de programa para poder responder qué aporta Novaresio.

Robles escribe con una precisión de cirujano, en tiempo real, y sin contar con la posibilidad de editar lo que acaba de teclear. Los textuales de los protagonistas son acompañados, en algunos casos, con verbos que denotan emociones, reacciones de los personajes, o utiliza adjetivos, en lugares precisos de las oraciones, que cargan las oraciones con segundas líneas y que sus lectores cazan al vuelo. Describe, genera clima, pone suspenso. De esta manera, las coberturas generan una interpretación colectiva, no solo de parte de Robles, sino también de su audiencia.

K: ¿Crees que la presencia de personajes como Marcelo D’Alessio o Daniel Santoro en el programa fue una decisión premeditada de la gerencia o producción del programa para operar políticamente sobre la opinión pública, en línea con la persecución que fomentaba el gobierno de Macri, o fueron engañados como todo el resto?

SR: ME parece que estos programas responden a una lógica del establishment de los grandes medios de comunicación. El productor de este programa es Juan Cruz Ávila, un tipo muy vivo, que un día invita a Luis Espert pero también lo lleva a Carlos Heller, para que se trencen. Creo que no es inocente que Santoro haya estado ahí. Creo en la versión de que Santoro llevó a D’Alessio. Es un programa que responde a los intereses del grupo económico que dirige el canal, cercano a Sergio Massa en su momento, pero que también jugó muy cerca de Macri, aunque después se despegó. En este aspecto es memorable la entrevista que le hizo Fantino a Daniel Vila, después de las PASO, en la que Vila acusó a Macri de extorsión.

Me parecen más interesantes los programas de América que de TN, por ejemplo, o el canal de La Nación, donde uno ya sabe de antemano qué van a decir todos, salvo un Carlos Pagni, que es un poco más refinado. Me parece que América tiene una lógica un poco más autónoma, y para ver a dónde quieren apuntar en lo político hay que ver sus programas. Por ejemplo, la mesa de Fantino, luego de las PASO, se puso mucho más abierta, lo trajeron a Marangoni, un tipo que venía del peronismo. Cuando uno ve cómo se manejan los programas, se da cuenta cómo están jugando políticamente los dueños del multimedio. Nunca es una misma dirección, y los manejos son sutiles.

La respuesta, entonces, es no. No era inocente que Santoro y D’Alessio estuvieran en esa mesa. Me parece que su presencia en el programa no era simplemente para influir en la opinión pública, sino que el objetivo era más concreto, y tenía que ver con extorsionar empresarios que estaban siendo investigados.

La ex procuradora general, Gils Carbó, perseguida política del macrismo y figurita repetida en Animales Sueltos.

K: Qué vas pescando de la audiencia que se va armando con tus coberturas. Sos de comentar, de dar me gusta, de compartir con sus seguidores los comentarios que te dejan tus lectores.

SR: El año pasado tenia interacciones de gente vinculada al kirchnerismo, la izquierda, y la oposición general al macrismo, y ahora en el 2020, con Novaresio al frente del programa, me empezó a seguir mucha gente cercana al macrismo, porque claro, de alguna manera todos somos víctimas de estas operetas. Otra posible respuesta a porque mis tuits tienen cierto rebote es por la ilusión que uno está desenmascarando algo, y este tipo de periodismo del establishment, por su propia lógica autónoma, nos terminó cagando de todos los lados posibles de la grieta. Todos somos víctimas de ese sistema mediático y masivo.

Todos tenemos a pensar que el establishment periodístico juega cerca del poder, lo cual es cierto, pero cuando uno los mira de cerca, descubre en realidad que el poder son ellos, y que tienen una lógica propia, que no responde a un partido o gobierno, sino que es autónoma. Si tuviera que hacer un balance de este ejercicio o juego que arranqué hace casi tres años, una de las cosas que aprendí, es esa. El poder son ellos.

Sebastián Robles nació en 1979. En 2011 publicó su novela Los años felices (Pánico el pánico), una historia de iniciación de un joven que como él creció en Villa Ballester, y que durante su adolescencia transitó los años noventa. Se trata de un texto icónico, por lo menos para toda una generación de escritores y escritoras emergentes de los últimos años, porque el texto está escrito con sensibilidad, belleza, y tiene muchos puntos de contacto con aquella década marcada por la indiferencia, el aislamiento social y la antipolìtica. En 2014 publicó el libro de relatos Las redes invisibles (Momofuku), y en 2017 llegó el turno de Apuntes sobre Philip Dick, un texto escrito junto a Juan Terranova (Milena Caserola). Desde hace un tiempo dirige la escuela virtual de Casa de Letras.

Los años felices tuvo mucha circulación en el ambiente literario.

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