Cultura Musikero Peronismo

Al Indio Solari

Un ricotero hermano de la casa sufre por estas horas una injusticia insoportable: está en el exterior, por un viaje familiar planificado hace un año, y no puede ser parte de la peregrinación que el pueblo está realizando en Villa Domínico, Avellaneda, para despedir a Carlos Solari. Pero queda la palabra, que no sabe de distancias ni tiempos. “Fuiste nuestra revolución”, le dice.

Foto portada: Ramiro Abrevaya. 

Tu vida fue nuestras vidas. Y tu muerte es el comienzo de nuestras muertes.

Sos mis amigos, mi recorrido, mi proyecto, nuestro proyecto, mis decisiones. Nuestra historia comenzó cuando mi hermana, cuatro años más grande que yo, ponía tus canciones y los fines de semana venía enloquecida de tus recitales. Algo de la rebeldía de María me tocó, porque yo no era rebelde. Vos me hiciste rebelde. Fui a Obras con 14 años y no paramos más.

Tu muerte me agarra lejos, en una ciudad que te gustaba mucho, no te voy a poder despedir con el pueblo, eso me parece muy injusto, pero la vida es compensación. Estoy en un viaje planificado, amado, tan deseado que hasta que no abordé el avión pensé que podía complicarse por motivos inverosímiles (un amigo me dice que tengo “expectativa de desgracia”); pensé muchas cosas que podían pasar para que el viaje no se concrete. Por otro carril de mi cabeza, vengo pensando hace mucho este momento, tu muerte, la angustia; vos lo cantaste, lo dijiste, lo dibujaste, pero no queríamos que llegue.

Los dos carriles se juntaron de manera inesperada, la expectativa de desgracia no era tu muerte en este momento. La noche del jueves puse el despertador para que toda la familia se despertarse temprano. Elegí la canción para la alarma: Preso en mi Ciudad. Al rato que esa canción me despertó, supimos de tu muerte.

Yo quiero llorar con mis amigos en Argentina, ir a Domínico a abrazar a todo el mundo y no voy a poder. Que despelote que es la vida.

Mis amigos, mi barra, mis hermanos, somos ricoteros hasta la médula, con ellos me formé, me desarrollé, viajé por vos, lloré, abracé, reí mucho, volví a viajar, carpa, frio, hambre, auto, bondi, rutas, sierras. Vos como destino.

Con el resto de mis amistades no hay ese pacto de sangre. ¿Y sabés qué?

Estoy orgulloso de mi. Por vos. Mucha gente me escribió mensajes, sabiendo mi dolor, porque soy el ricotero en muchos grupos de personas que te quieren y admiran pero quizás no tanto como yo. Que orgullo tener esa identidad. Gente que no veo hace años, pero se quedaron con eso de mí. Eso es la pasión. Lo que no se dice, lo que no hace falta decir.

No puse ninguna foto tuya en IG, no porque no quiera sino porque no me alcanza. No hay fotos ni palabras que me alcancen. Escribo esto desesperado, necesitado. Y no me gusta lo que me sale, porque sos inabarcable. No sos un muerto, ni un héroe, ni un ídolo, ni solo marcaste una generación o dos o tres. Sos algo que el diccionario no sabe. Porque lo hiciste todo como si fuera un plan. Nos diste lo que tenías, no más. Ahí está tu virtud. Y eso que nos diste sin mentir, sin exagerar, sin especular, era tanto pero tanto. Todo sin apuro, genio. Eso es lo que sos, un genio. Contaste lo que nos pasaba y lo que nos iba a pasar. Nos amaste sin decirnos “los amo”. Y sos tan hermoso que nos dejaste un libro contando situaciones que siempre quisimos conocer y dejaste una banda formidable para seguir sintiéndote. Parece un plan, una revolución. Fuiste nuestra revolución. La espátula que da vuelta la tortilla, para poder ser felices en un mundo hostil.

author: Ricardo Dios

Ricardo Dios

Abogado, peronista, hincha de River y ricotero.

Sigamos conectados. Recibí las notas por correo.

Suscribite a Kranear

wave

Buscador