Cultura Teatro

Lo que hace el desamor

Muerde, el unipersonal interpretado por Luciano Cáceres, propone un abordaje psicológico en clave íntima donde la memoria, la violencia y la identidad se descomponen en escena a través del cuerpo y la palabra.

“Muerde”, unipersonal teatral dirigido y escrito por Francisco Lumerman e interpretado por Luciano Cáceres, propone un abordaje psicológico en clave íntima donde la memoria, la violencia y la identidad se descomponen en escena a través del cuerpo y la palabra. La obra sigue a René, un hombre atravesado por una infancia interrumpida y un presente que se vuelve territorio de evocaciones fragmentarias, en una pieza de gran potencia emocional y física que convierte el relato en un montaje sensorial y perturbador.

Ni bien comienza la puesta, René (brillante Cáceres) aclara la garganta: está a punto de soltar pensamientos, teñidos por la soledad, el desamparo y la sordidez. No es un detalle menor, sino la antesala de una crónica pueblerina que transcurre en pasado, aunque lo que ocurre ante nuestros ojos se percibe urgente y plenamente corporal. Sin mediaciones, los fluidos se confunden con el calor de los acontecimientos, y lo narrado deja de ser recuerdo para transformarse en materia densa, incómoda.

En el territorio planteado emerge una marginalidad dramática. Un tratamiento dramatúrgico que no busca agradar, sino llevar al límite la fragilidad de lo representado. En ese recorrido aparecen matices, fisuras y desvíos: anécdotas sin filtro, cargadas de picardía y humor, irrumpen como pequeñas bocanadas de aire en un clima enrarecido, generando un vaivén afectivo que descoloca y atrapa. En ese contexto, la iluminación y la escenografía construyen climas precisos, acompañando un sólido trabajo dramatúrgico que diagrama un dispositivo escénico tan austero como contundente.

Sobre esa estructura, Cáceres -quien cursa un sobresaliente momento profesional y actualmente se luce en otro unipersonal de impecable factura, “Paraíso”- sostiene la tensión con recursos notables: no hay descanso ni fuga posible. Cada gesto está medido, cada inflexión responde a un pulso interno: René reacciona a estímulos precisos y el lenguaje corporal traduce sensaciones con una crudeza que evita cualquier artificio. El personaje, visceral, oscila en vaivén entre endurecimiento y quiebre, control y desborde, dejando ver una naturaleza casi animal. La sangre brota a borbotones, como la buena dramaturgia.

Cáceres le pone el cuerpo a un unipersonal.


El costado más salvaje del protagonista de los hechos se deja ver en huellas que duelen y huelen, donde la narración de hechos traumáticos no es una elección estética sino una necesidad expresiva. En trance, el actor da vida a otras voces, en un trabajo descomunal, como si cada intervención trajera consigo ‘una bolsa de palabras’ a ser emitidas, expandiendo el universo propuesto multiplicando sus capas. Por ello, y porque la experiencia depende también del descubrimiento, es preferible no adelantar ciertos sucesos clave.

El celebrado unipersonal -que se presentó en función con localidades agotadas en el histórico Teatro Roma de Avellaneda- deriva, en un in crescendo de fuerte carga emocional; llanto y ladrido bestial que escala sin concesiones hacia una secuencia final de alto impacto donde la fuerza de lo acontecido absorbe nuestra completa atención. ¿Cuánto tiempo pasó? Ni idea.

“Muerde”, que continúa su recorrido en gira durante su tercera temporada, consolidándose dentro del circuito contemporáneo independiente y en festivales internacionales, deja en el espectador una huella difícil de domesticar: la de haber asistido a un ritual teatral pulsional que, una vez concluido, continúa reverberando con una potencia persistente y difícil de disipar.

author: Maximiliano Curcio

Maximiliano Curcio

Nació en la ciudad de La Plata, Argentina en 1983. Es escritor, docente y comunicador, egresado de la Escuela Superior de Cinematografía

Sigamos conectados. Recibí las notas por correo.

Suscribite a Kranear

wave

Buscador