Cultura Teatro

Los ingredientes correctos de un gran thriller

De la mano de la directora Virginia Magnago, un elenco de intérpretes de primera línea, le dan cuerpo a una de las propuestas teatrales más atractivas de la calle Corrientes: Te Espero en la Oscuridad.

El suspenso no resulta, a priori, un género común en el teatro, sin embargo, el éxito conseguido por “El Cuarto de Verónica” (sobre la célebre obra de Ira Levin) lleva sus creadores a apostar nuevamente en adaptar a nuestro idioma una célebre pieza de origen angloparlante: “Wait Until Dark”, autoría de Frederick Knott, estrenada en Broadway en 1966 (con Lee Remik y Robert Duvall encabezando el reparto), y exhibida con frecuencia desde entonces en más de cincuenta países, destacándose una puesta protagonizada por Marisa Tomei y Quentin Tarantino. Los cinéfilos recordarán una versión cinematográfica dada a conocer en 1967, estelarizada por Audrey Hepburn (papel por el cual obtuvo un Premio Oscar) y dirigida por Terrence Young.

Un sólido grupo artístico encabezado por la directora Virginia Magnago, junto a un elenco de intérpretes de primera línea integrado por Silvia Kutika, Fabio Aste y Adrián Lazare, conforman el denominador común de dos de las propuestas teatrales más singulares de Buenos Aires, ambas actualmente en cartelera en el Teatro Metropolitan de Calle Corrientes. Es así como “Te Espero en la Oscuridad” sucede a 'El Cuarto de Verónica' y se conforma como una de las novedades más atractivas del presente año: un formidable plato de suspenso. Kutika, en otra excelsa performance, encarna a una mujer ciega que vive en su departamento de Nueva York. Un día, su marido (Jorge Almada) llega de viaje a casa con una misteriosa muñeca (en el film ocultaba droga y era reemplazada por otra idéntica de regalo), cuyo extravío acaba consumando un crimen e insospechadas consecuencias.

Cobrando de inmediato protagonismo, Teo, Mike y Carlino son tres auténticos hampones que tratarán de recuperar la muñeca a toda costa, sometiendo a engaños y manipulaciones a la indefensa Susan. Inmersa en un peligroso juego de vida y muerte, su noción de realidad comienza a volverse difusa. ¿En quién confiar? Somos invitados a la intriga; ver para creer. Todos esconden algo, quizás, hasta un cadáver en un placard. La vivienda se asemeja a un claustrofóbico sótano y pronto la atmósfera se tornará asfixiante. Los extraños comienzan a invadir la privacidad de una mujer sola y desprotegida, quien deberá recurrir a sus habilidades bajo presión para resolver problemas, valiéndose de cuatro de sus cinco sentidos. La señora Hendrix, en absoluto endeble, demuestra resiliencia e ingenio, sabiendo hacerse de una gran e inesperada aliada (es vital aquí el rol que desempeña Camila Barberis). Poco a poco, logrará atar cada cabo suelto, y nosotros con ella.

Con astucia, la pieza nos empatiza con la no videncia de su protagonista, estableciendo las precisas coordenadas de un juego de gato y ratón entre los personajes. Plagada de elementos argumentales y constantes giros en la trama, no será sencillo de desentrañar el enrevesado plan delictivo que el trío de malhechores coloca en marcha escabulléndose entre las habitaciones de un departamento neoyorkino venido a menos, ahora convertido en campo de batalla. La vulnerable no vidente se arrastra a tientas por el espacio propio, ahora contaminado de evidencias y presencias nada gratas. El despiadado y sangriento asesino Roat cobra vida, por partida triple, bajo la piel del descomunal Fabio Aste. Sus secuaces, dos ex presidiarios en aprietos y con turbia moral (interpretados por Adrian Lázare y Fernando Cuellar) asedian, aunque mostrando flancos débiles. Porque no existe el crimen perfecto, una tenue llama encendida ilumina la posibilidad de una resolución…

Fanáticos del género ubican a “Wait Until Dark” entre una de las diez mejores obras teatrales de suspenso de la historia, y a su autor como digno heredero de Alfred Hitchcock (curiosamente, firmó créditos de “Dial ‘M’ For Murder”, clásico film del maestro del suspenso). No en vano, la versión cinematográfica producida vía Hollywood batió récords de recaudación a nivel mundial. Sin embargo, los dispositivos a los que apela el teatro a la hora de cumplir con el objetivo de un buen susto no son los mismos que dispone el medio audiovisual. En este sentido, y a la altura de las circunstancias, la magnífica puesta de Magnano respeta con fidelidad al texto original, conservando los quirúrgicos mecanismos de una narrativa infalible, autoría de un experto conocedor del género, quien incluye el vital instrumento del MacGuffin (aquí es la muñeca, como elemento de suspenso que hace que los personajes avancen en la trama, sin necesariamente ejercer relevancia en esta en sí) sabiamente patentado por Hitchcock.

A medida que la obra avanza, las interacciones entre caracteres se complejizan, los nervios se tensan y las acciones suelen ocultar segundas intenciones. El recurso del thriller, perfectamente empleado en su formato teatral mantiene al público inmóvil y en vilo por exactos noventa minutos, rumbo al clímax de un desenlace imprevisible. Una fascinante escena a oscuras, resuelta con enorme pericia, nos convida de preciados minutos de infrecuente hallazgo, que serán inolvidables para todo amante del buen teatro. Kutika, omnipresente en escena, se muestra memorable en un desafío físico y emocional de enormes dimensiones, eficaz como aquella heroína que logrará trascender descubriendo recursos inesperados, por puro instinto de supervivencia. La mujer en inferioridad de condiciones librándose de sus agresores masculinos continúa resultando el atractivo principal de esta inoxidable intriga.

author: Maximiliano Curcio

Maximiliano Curcio

Nació en la ciudad de La Plata, Argentina en 1983. Es escritor, docente y comunicador, egresado de la Escuela Superior de Cinematografía

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