Se presentaba como 'cantora' porque, como decía Facundo Cabral, 'cantante es el que puede y cantor el que debe'. Para ella, compartir un mensaje a través de sus canciones era más importante que su habilidad para cantar. Mercedes Sosa cantó cada acorde y cada palabra en su gravedad política. Siempre hablaba de cuidar las palabras. Cuidarlas siempre, especialmente cuando las usamos para discutir. Cuidar las palabras de la violencia y la brutalidad. Cuidar las palabras porque son nuestro hogar.
Yo no canto por cantar llamó a su disco del año 1966 que comienza con Zamba para no morir, una canción que, según ella, le abrió el camino. “Aprendí que si no canto me muero”, dijo tiempo después en una entrevista. Quizás por eso también eligió cantar La Pomeña: “Cantando y desencantando/ se le entreveran las penas”. En su voz, crecen las canciones, son de ella y son de todos. “No soy política –dijo muchas veces–, soy popular”.
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Al igual que la Independencia argentina, Mercedes nació un 9 de julio en San Miguel de Tucumán, en el seno de una familia obrera y peronista. En el comedor, los retratos de Eva y Perón. 'La de mi papá y mi mamá es una historia de amor para siempre. Ya sé, parezco pavota; todos dicen que eso es imposible. ¿Imposible? Mi papá y mi mamá nunca se aburrieron de quererse, nunca”, le contó a su biógrafo Rodolfo Braceli (“Mercedes Sosa. La Negra”, Ed. Sudamericana, 2003). “Así era nuestra casa: mi mamá, muy sabia, resucitando ropas viejas que le regalaban donde lavaba y planchaba, nos hacía relucir. Muchas veces nos daba bollitos de pan, mate cocido y nos largaba a jugar en el Parque 9 de Julio. Realmente éramos muy pobres, pero vivimos aquello sin angustia. De todo nos faltó, pero no lo sentimos, porque nos sobró amor”.
Tengo frente a mí un ejemplar de la Revista Folklore Argentino, de 1966. La crónica cuenta el debut de Mercedes Sosa en Cosquín. En una de las fotos, Mercedes canta con los ojos cerrados. En la otra, Mercedes canta empuñando la caja. La nota empieza describiendo que hubo un conflicto grande porque Jorge Cafrune desobedeció a la Comisión del Festival para invitar a una joven Mercedes al escenario; cedió parte de su tiempo para que ella pudiera cantar. “Todo en ella es América. Todo en ella es esencial. Y el misterio: ¿de dónde sale su canto, Mercedes Sosa?”, pregunta el cronista anónimo. Cafrune fue sancionado, Mercedes cantó y la historia de la música popular cambió para siempre.
En aquel primer Cosquín, Mercedes recordó la copla aprendida en su infancia:
“Yo no canto por cantar
ni por tener buena voz”.
Esos versos de Tejada Gómez la acompañaron toda la vida. También fueron parte de Canciones con fundamento (1965), su segundo disco, con el que fue a Cosquín. Dos años antes, Mercedes había presentado el Movimiento del Nuevo Cancionero junto a otros artistas. Aquel manifiesto hablaba de convertir a la canción nativa en una toma de conciencia profunda y popular. “Para que la canción responda a un auténtico ser y querer ser de nuestro pueblo”, describió Tejada Gómez.
La cultura es la estructura secreta de todo lo que se hace, incluso en materia de economía, enseñaba Horacio González. La cultura es lo que nos identifica y nos hace hablar como hablamos y discutir como discutimos. Para el Movimiento del Nuevo Cancionero, la canción debía acompañar al pueblo tanto en sus alegrías como en sus luchas. No hay reconstrucción de la vida sin música y poesía.
Primer disco de Mercedes.
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A Mercedes Sosa la metieron presa el 20 de octubre de 1978. Ella estaba cantando en el Almacén San José de La Plata, un lugar donde se reunían los militantes de izquierda a discutir política. Para ese entonces, Mercedes era una artista consagrada que también solía aceptar invitaciones para cantar en peñas y en lugares chicos donde se podía conversar.
Esa noche, cantó ante trescientas personas. La expectativa era grande; se sabía que Mercedes no se callaba y su repertorio era siempre audaz. La dictadura ya había censurado su voz en las radios pero en sus recitales La Negra seguía cantando las canciones prohibidas del momento. Zamba de mi esperanza, por ejemplo, estaba prohibida: las dictaduras siempre prohíben la esperanza.
La policía irrumpió violentamente en el Almacén cuando Mercedes cantaba Cuando tenga la tierra. Se la llevaron presa a ella, a su hijo Fabián Matus, al guitarrista Colacho Brizuela y a las trescientas personas del público.
“No tenía miedo. No se puede cantar si uno tiene miedo”, dijo Mercedes Sosa por esos días. La liberaron y se intensificaron las amenazas de muerte. Poco después de ser arrestada en el escenario junto a todo su público, la Triple A le envió una carta de advertencia que decía que tenía cuatro días para dejar el país.
La amenaza del grupo criminal que asesinó a miles de compatriotas.
En el libro de ensayos “Escuchar Malvinas” (compilado por Esteban Buch y Abel Gilbert, Gourmet Musical, 2022), Mariano del Mazo escribió que Mercedes marchó al exilio “como una cantante folklórica, agreste y expresiva y en los escenarios de Europa se reconfiguró como una bandera de las resistencias a las dictaduras”.
Mercedes volvió al país en 1982 en medio de amenazas y persecuciones. El libro “Un millón de manos que me aplauden” (Gourmet Musical, 2024) de Facundo Arroyo cuenta cómo fue el regreso de Mercedes Sosa después de cinco años de exilio. Arroyo dice que aquellos míticos recitales de Mercedes en 1982 significaron el primer puente cultural hacia la restauración democrática. Sus conciertos permitieron que más artistas desafiaran a la autoridad. Por primera vez, después de mucho años, una gran cantidad de argentinos se encontraron en masa para celebrar una obra. Un recital, un encuentro, un ritual que reunió la emoción colectiva y la potencia de saberse parte de una comunidad.
La vuelta de Mercedes al país y los conciertos en vivo.
Volver a volver. ¿Hay lugar más familiar que la voz de Mercedes Sosa? Es notable la propuesta de volver a la vuelta de Mercedes. En ese gesto, encuentro una contraseña que nos funda y nos salva: la voluntad política de despertar y recuperar la identidad democrática. Ese viaje hacia nosotros mismos es un camino hacia el hogar, un retorno a lo que nos hace ser quienes somos.
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Una comunidad existe en sus rituales, en sus canciones, en sus memorias compartidas. El repertorio de Mercedes está conformado por canciones con fundamento. Siempre cuidadosa de las palabras, valiente, aguerrida. “Si hay que esperar la esperanza, más vale esperar cantando”, cantó en su primer disco como una declaración de principios. La de los humildes, una de sus zambas más queridas.
Desde ese primer disco a los dos volúmenes de Cantora, su amorosa despedida, Mercedes hizo de su canto un instrumento de lucha. En sus canciones, el paisaje es el lugar donde se ama, donde se trabaja, donde se vive y se resiste. Tal como lo pensó cuando tramó el Movimiento del Nuevo Cancionero en Mendoza, en 1963.
Su tarea fue sumar, conspirar, tramar redes y complicidades nuevas. Nunca trazó un surco solitario. Mercedes siempre promovió el diálogo entre generaciones y géneros musicales. Se despidió así, con un trabajo coral, un disco de duetos con artistas diversos. Como escribió Mariano Del Mazo, entregó su vida a esa misión: “Ni cantora de protesta, ni folklórica ortodoxa, ni tanguera, ni rockera; ni arqueóloga de canciones perdidas, nuevas o viejas, ni intérprete de temas fatigados por su uso. Algo diferente, superador. Mercedes Sosa estaba demostrando que era posible, como dice Tomás Mariani, la convivencia de sensibilidades diversas”.
Mercedes y Charly, una relación de amor y respeto.
En Alta Fidelidad: Mercedes Sosa canta Charly García (1997), las voces de Mercedes y Charly traducen el inconsciente colectivo. Un amor para toda la vida. Una foto mágica de los dos. Diciembre de 1991. Mercedes recuesta su cabeza sobre el hombro de Charly, abraza su brazo, entrecierra los ojos con ternura, Charly fuma y mira más allá. Ese abrazo es un refugio para siempre, un espacio donde se dan las condiciones para imaginar un mundo posible por el que vale la pena luchar.
Escuchar a Mercedes Sosa es abrazarnos. Es un ritual que significa un encuentro, un tenernos, un conmovernos. En la voz de Mercedes Sosa está la memoria pero también el futuro de nuestra identidad. Jamás estamos sin Mercedes, cada vez estamos más con ella. Mercedes Sosa siempre es mañana.
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