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Andamio ’90: un espacio creativo y de resistencia

Kranear dialogó con Celina Yáñez, directora de gestión y rectora de Andamio ’90, un icónico teatro-escuela de la escena porteña, sobre la realidad del sector en tiempos libertarios, y el rol de la cultura como espacio de resistencia en un contexto cada vez más complejo desde lo político, lo económico y lo social.

Andamio ’90 es, desde hace 35 años, un espacio cultural autogestivo y un referente indispensable de la escena porteña. Fundado el 9 de diciembre de 1990 por Alejandra Boero —figura de intachable trayectoria en el ámbito teatral nacional e internacional—, el teatro inauguró su sala con Final de partida, de Samuel Beckett, dirigida por Alfredo Alcón. A lo largo de estas tres décadas y media han pasado y continúan pasando por su escenario artistas destacados de la cultura argentina como María Rosa Gallo, Mauricio Dayub, Claudio Tolcachir y Luciano Cáceres, entre muchos otros. 

En la actualidad el teatro está dirigido por su hijo, el Lic. Alejandro Alberto Samek

Este bastión cultural, con 35 años de trayectoria ininterrumpida sembrando arte y cultura, alberga además a la escuela de teatro COSATyC, que ofrece talleres y carreras oficiales de nivel terciario: Profesorado de Teatro y las Tecnicaturas de Actuación y Dirección (Ver recuadro). En diálogo con Kranear, Celina Yáñez reflexiona sobre el presente de un espacio que entiende a la cultura como la columna vertebral de un país.

¿Qué define hoy la identidad de Andamio ’90?

Andamio ’90 fue e intenta seguir siendo un espacio creativo con una escucha atenta minuto a minuto a los cambios sociales. Entendemos a nuestros alumnos no solo en su rol, sino como sujetos sociales creativos y pensantes que están en un ida y vuelta para intentar comprender lo que sucede en la sociedad. El teatro describe sociedades y así entendemos el rol de nuestro teatro/escuela.

Es un espacio de resistencia cultural que sostiene a diario una de las premisas de su fundadora, la maestra y directora Alejandra Boero: “La cultura es la columna vertebral de un país”.

¿Qué significa sostener una sala independiente en el contexto político y económico actual?

Como decía antes, significa resistencia. Allí donde se cierre un espacio, tenemos la obligación de abrir otros. El mundo está cambiando sus paradigmas: vuelven las políticas de extrema derecha y el capitalismo feroz. Como sala teatral tenemos la obligación de presentar una cartelera que entienda estos nuevos paradigmas y nos ayude a pensar, a reflexionar.

Es muy difícil encontrar los espacios en un mundo donde la cultura y la educación pretenden ser metidas en una planilla Excel donde las columnas del debe y el haber deben dar números positivos.

La tendencia moderna quiere obligar a la cultura y la educación a justificarse únicamente por su rentabilidad financiera o por el rendimiento cuantificable, en lugar de hacerlo por su valor social, humano o intrínseco. Quienes gestionamos y dirigimos espacios debemos sentir la obligación de salir de la frustración ante esa tendencia de valorar la cultura y la educación sólo si demuestran ser un “buen negocio” o si producen resultados positivos y medibles. Por eso en Andamio ’90 hablamos de resistencia.

Un proyecto colectivo, creativo y de resistencia al neoliberalismo financiero.


¿Qué criterio curatorial articula la programación del primer trimestre?

Al ser un teatro/escuela, para Andamio es muy importante el espacio que se les da a los jóvenes. El teatro comercial, desde sus parámetros de necesidad de rentabilidad inmediata por oferta y demanda, no tiene espacio para la experimentación. Por lo tanto, es aquí donde queremos que se abran esas puertas.

Por eso, en este trimestre volvemos con un ciclo que Alejandra Boero inauguró hace muchos años: “Los que vienen”. Ni más ni menos que jóvenes egresados de nuestras carreras mostrando sus producciones. Alumnos de la carrera de Dirección Teatral convocan a egresados de la Tecnicatura de Actuación para realizar sus puestas.

Nuestros docentes son pilares fundamentales de esta propuesta, ya que apoyan desde sus distintas disciplinas. El ciclo creció mucho desde el año pasado y ya empezamos a abrir la convocatoria a otros elencos jóvenes que cumplan con los estándares de calidad que pretendemos en nuestro teatro. Allí desarrollamos el eje de la experimentación en nuestra curaduría.

El otro eje es trabajar con propuestas profesionales e intentamos abrirnos a todo. Queremos un abanico de posibilidades para todo tipo de público porque Andamio ’90 es una sala que, después de 35 años de funcionamiento ininterrumpido, tiene un público fiel de toda la vida y otro que se va sumando con las propuestas más modernas e incluso de otras disciplinas como el teatro musical o el teatro danza.

Buscamos directores expertos en los distintos géneros. Defendemos y sostenemos en nuestra cartelera al teatro independiente porque tiene una manera particular de contar.

El teatro es político, pero a esta afirmación nosotros le agregamos: el teatro es político… pero no panfletario. Buscamos proyectos que hagan pensar al espectador y que no le den un resultado cerrado. Entendemos al teatro como una grupalidad que se termina de construir con el público y, por tanto, queremos que sea activo y pensante.

¿Qué tensiones aparecen entre tradición y renovación?

Podemos decir que lo clásico es tradición, pero cuando hablamos de clásicos… ¿de qué hablamos?

Para mí un clásico no pasa de moda por la sencilla razón de que nos habla de los grandes temas de la humanidad y que nunca pasarán de moda: la muerte, el poder, la identidad, el amor o la lucha de clases.

Toda la dramaturgia clásica y tradicional está trazada por ese tipo de temáticas porque son las que nos siguen interpelando en todas sus formas y estilos. La renovación viene a proponer una mirada distinta quizá hasta sobre esos mismos textos y por ello no considero que haya tensiones, sino que la renovación es justamente la necesidad de comprender los nuevos lenguajes para seguir hablando de los temas que nos atraviesan.

Digamos que la renovación genera el lenguaje moderno que las tradiciones necesitan construir para analizar y mostrar, de un modo creativo, la realidad en la que vivimos hoy. Los temas siempre son los mismos: los que nos siguen conmoviendo y construyendo.

¿La programación fue pensada como una respuesta al contexto actual?

El teatro nos identifica con nosotros mismos y con la sociedad. Es espejo de ella: espejo que refleja y contempla. Allí entendemos que está la respuesta, siempre y cuando el espectador complete el ritual de esa identificación.

Cuando pensamos en la programación aparece la necesidad de tomar postura: nos rebelamos al contexto actual. Sentimos la necesidad de abrir interrogantes. Creemos que en la reflexión está la acción.

Nuestra programación pretende no dejar huecos para decir lo que sí o sí sentimos la necesidad de decir en contextos culturales y sociales tan adversos. Al contexto actual le respondemos intentando abrir interrogantes allí donde aparecen los discursos extremos que tanto abundan hoy. El arte es cuestionar.

Celina Yáñez, directora de gestión y rectora de Andamio ’90.


¿Qué lugar ocupa la formación dentro del proyecto artístico?

La formación ocupa un enorme lugar. Los que hace rato transitamos este camino artístico tenemos la obligación de ir pasando la posta y el canal para ellos es la formación.

Cuando en la escuela pensamos en formalizar el tramo de formación, entre otras cosas, fue porque sentimos la necesidad de entrar en las escuelas para que la artística formara parte de la educación diaria del niño. Entendimos que debíamos formar docentes que pudieran llevar el teatro a las escuelas, al aula.

Nuestra tarea es que el teatro no sea elitista sino un espacio para todos. Sentimos la obligación de ser formadores de formadores.

Creemos que en un mundo tan atravesado por la inmediatez y la IA (inteligencia artificial), el teatro trae la conexión con el otro, con el aquí y ahora. Eso es irremplazable.

Por otro lado, el artista debe concebirse como un todo y la formación amplía las herramientas de un cuerpo creativo. Entendemos la formación como una construcción de futuro.

Por eso decidimos como escuela generar un profesorado de teatro y dos tecnicaturas: en Actuación y en Dirección Teatral. Entendimos que debíamos entrar en la educación formal para que los alumnos tuvieran un título para ingresar al sistema.

En cada uno de nuestros egresados apostamos a un gestor cultural que aporta a la sociedad su granito de arena, como lo hace un médico, un abogado o un científico. Un actor es un medio social y la formación te prepara para estar a la altura de esas circunstancias.

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Escuela de Teatro COSATyC 

Profesorado de Teatro (4 años)


El Profesorado de Teatro forma profesionales capaces de desempeñarse en los diferentes niveles y modalidades del Sistema Educativo Nacional: Inicial, Primario, Secundario y Artístico. La formación se basa en la convicción de que la enseñanza del teatro estimula las inteligencias múltiples, facilita un aprendizaje armónico y contribuye al descubrimiento de las propias posibilidades expresivas.

Tecnicatura en Artes del Teatro, especialidad Actuación (3 años)


La Tecnicatura Superior en Artes del Teatro forma profesionales integrales en el área de la actuación, capaces de producir y valorar sus propias manifestaciones estéticas y las de su entorno dentro del ámbito sociocultural. La carrera sistematiza el aprendizaje valorando la gestación del actor como una totalidad.

Tecnicatura en Artes del Teatro, especialidad Dirección (3 años)


Esta tecnicatura forma profesionales de las artes teatrales aptos para enfrentar las necesidades y requerimientos de los distintos modos de producción teatral. La carrera propone la formación de un profesional capaz de abordar un proyecto artístico desde sus múltiples dimensiones: creativas, estéticas, expresivas y técnicas.

Más información: acá.

En 2025, Andamio 90 fue distinguido por la legislatura porteña

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Programación – Primer Trimestre 2026

Durante marzo, la cartelera reúne tres propuestas que dialogan con la memoria, el poder, la resistencia y el propio hecho teatral.

“El grito y el silencio” de Selva Palomino, dirigida por Fabi Maneiro, llega con el Premio al Teatro Independiente a Mejor Dirección 2025 y cuatro nominaciones más. La obra transita dos tiempos históricos (1868 y 1914) a través de Ignacia y Carmen Robles, y propone una reflexión sobre el patriarcado, la violencia y la memoria que no se apaga.

También en marzo se presenta “Dios colecciona ángeles caídos” de Víctor Winer y Rubén Pires, dirigida por Rubén Pires. Con humor negro y elementos de absurdo, la obra imagina el reencuentro entre un ex militar enfermo y el fantasma de un soldado en una delirante rebelión contra Dios, atravesada por la culpa, el poder y la redención.

Completa el mes “El Tiempo de los Nadie”, con autoría y dirección de Florencia Suárez Bignoli. Ambientada en un teatro que resiste pese a la ausencia de público, la pieza funciona como homenaje a quienes sostienen el arte en tiempos de crisis y se pregunta si vale la pena seguir cuando nadie escucha.

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No se admiten reservas.

Contacto Teatro1130277499 / andamio90espectaculos@gmail.com

author: Juan Pablo Cantini

Juan Pablo Cantini

Nació en 1976 en la Ciudad de Buenos Aires. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UBA, escritor, redactor y tallerista. Fue periodista gastronómico en medios especializados y publicó notas en Tiempo Argentino y Clarín. Su primera novela, Mordiendo en el vacío, fue editada por Notanpuan en 2022. Actualmente coordina talleres de lectura y escritura y trabaja en su segunda novela.

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