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“En este momento necesitamos estar juntos en una sala para pensar y sentir lo que nos pasa”.

Juan Pablo Cantini entrevistó a Elba Degrossi, directora de la obra El crimen de San Patricio, que estará en cartel hasta fin de mes. Su trayectoria, la elección de la masacre de los curas palotinos para llevar al teatro, en un contexto de ataque a la cultura y al que piensa distinto. “Mi teatro siempre se nutre de lo social: a veces desde el humor, a veces desde el dolor. En este caso, el dolor”, plantea.

La directora, dramaturga y psicoanalista Elba Degrossi reestrena en Buenos Aires El crimen de San Patricio, una obra que recupera uno de los episodios más dolorosos y silenciados de la dictadura. Kranear conversó con ella sobre la relación entre teatro y psicoanálisis, la dificultad de transformar el horror en arte y el sentido de hacer teatro en este presente complejo y hostil para la cultura.

Sos psicoanalista además de dramaturga y directora. ¿Cómo influye tu formación en psicoanálisis en tu manera de entender y de hacer teatro?

Me formé y trabajé siempre en paralelo en ambas actividades, con una pasión muy grande por el teatro desde muy chica. Durante años viví esas dos facetas de manera fragmentada, hasta que entendí que soy una sola y que todo forma parte de lo mismo. Creo que hay mecanismos inconscientes que operan en la dramaturgia y en la dirección, pero sobre todo mi formación me ayuda en el trabajo con los actores. Me interesa mucho acompañar la particularidad de cada uno, y ahí se engancha lo psicológico.

¿Existía un prejuicio hacia el teatro en la universidad en los años en que estudiabas?

Sí, terminé la facultad en 1969, cuando todavía Psicología estaba dentro de Filosofía y Letras. En esa época el teatro se veía como algo menor, casi exhibicionista. No se hablaba mucho del tema. Creo que una figura clave para cambiar esa mirada fue Tato Pavlovsky: él mostró que se podía ser médico, psicoanalista y dramaturgo, y que el teatro también tenía un enorme valor político.

¿Cómo llegaste a la escritura y a la dirección teatral?

Durante muchos años fui actriz. Escribía, pero cuentos, no teatro. Hasta que en un taller con Agustín Alezzo me señalaron que tenía una manera de escribir muy teatral y me animaron a hacerlo. Eso me abrió un camino nuevo. Más tarde empecé a dirigir mis propias obras y también textos de otros autores. Fue un proceso gradual, pero desde hace unos veinte años la dramaturgia y la dirección se integraron plenamente a mi vida.

Hablemos del crimen de San Patricio. ¿Cuándo y cómo surge la obra?

La escribí en 2017, aunque el tema lo tenía en la cabeza desde hacía muchos años. En 2016, al cumplirse 40 años de la masacre, escuché un programa de radio con el testimonio del único sacerdote sobreviviente y eso volvió a movilizarme. En 2018 la obra ganó el primer premio del concurso del Club de Autores de Argentores y La Bancaria. En ese momento se hizo como teatro leído, pero recién el año pasado me animé a dirigirla.

El elenco de la obra.

¿Qué te impulsó a llevar un hecho tan doloroso a la escena?

Lo que más me conmovió fue que el crimen sigue impune. En la historia argentina hubo otros casos donde se identificó a los culpables, se hicieron juicios, pero en este no. Sentí que debía contarse porque no tuvo la relevancia que merecía. Mi teatro siempre se nutre de lo social: a veces desde el humor, a veces desde el dolor. En este caso, el dolor.

La obra tiene una fuerte estructura de crónica, con música en vivo. ¿Cómo fue tomando esa forma?

Cuando empecé a dirigirla imaginé enseguida la música del órgano, porque cada vez que entraba a una iglesia esa sonoridad me conmovía profundamente. El organista se convirtió en el narrador del hecho y los demás personajes —una vecina y la madre de un seminarista asesinado— aportan sus voces desde 1976. La música, junto a la frialdad del relato policial que aparece en escena, refuerza el carácter de crónica y da un respiro en medio de una obra intensa y dolorosa.

Sé que el organista real asistió a la primera función. ¿Cómo fue ese momento?

Sí, Rolando Sabino, que entonces tenía 16 años y fue quien encontró los cuerpos, vino a ver la obra. Fue muy emocionante para él y para nosotros. Curiosamente, en la obra yo había imaginado a un organista mayor, con dos hijos, y resultó que Rolando en la vida real también tiene dos hijos. Fue muy fuerte ese cruce entre la ficción y la realidad.

¿Por qué creés que este caso quedó relegado en comparación con otros crímenes de la dictadura?

Hubo ocultamiento de ciertos sectores de la Iglesia y del gobierno. Además, ocurrió en los primeros meses de la dictadura, cuando hubo una serie de redadas y asesinatos en distintos barrios de Buenos Aires. Esa simultaneidad contribuyó a invisibilizarlo. El periodista Eduardo Kimmel investigó mucho sobre el tema en su libro La masacre de San Patricio.

¿Qué significa para vos poner esta obra hoy, en un contexto político y cultural tan complejo?

Al principio tuve miedo, pensé que podían barrernos. Pero creo que precisamente ahora es cuando más importante resulta hacerla. El teatro es un espacio de protesta, de interpelación y de resistencia. Estrenamos con el apoyo de instituciones como el Instituto del Teatro, Proteatro y el Fondo Nacional de las Artes, y además presentamos funciones en lugares muy significativos como la ESMA y la Fundación del Padre Paco. La recepción del público fue profundamente movilizadora.

Los curas palotinos y los seminaristas.

¿Todo teatro es político?

Sí. No hablo solo de ideologías partidarias, sino de que todo lo que se muestra en escena implica una visión del mundo. Una familia disfuncional, un suicidio, un abandono… todo es político. El teatro nos tiene que conmover: generar espanto, alegría, amor, identificación. Es el único arte donde el actor está vivo, ahí, frente al público. Cada función es irrepetible.

¿Qué mensaje te gustaría dejar a los lectores?

Que vayan al teatro. Que lo vivan como un espacio de encuentro, de reflexión, de resistencia y de comunicación. En este momento más que nunca necesitamos estar juntos en una sala para pensar y sentir lo que nos pasa.

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El crimen de San Patricio

El 4 de julio de 1976, en plena dictadura militar, cinco religiosos palotinos —los sacerdotes Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Duffau, junto con los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti— fueron asesinados a balazos en la parroquia San Patricio, en el barrio de Belgrano. El crimen fue atribuido a un grupo de tareas, pero hasta hoy permanece impune y se lo considera una de las masacres más atroces y silenciadas de aquellos años. Recientemente, tal como informó Página/12, el sacerdote Rodolfo Pedro Capalozza —quien pudo haber estado en la parroquia aquella madrugada pero se salvó de manera fortuita— declaró ante el juez federal Daniel Rafecas y aportó datos que señalan la posible responsabilidad de la Policía Federal Argentina en la masacre.

En diciembre del año pasado, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró Sitio Histórico a la Parroquia San Patricio, en Villa Urquiza, en conmemoración de la masacre de los sacerdotes palotinos. En el frente del edificio se puede ver la placa conmemorativa.

Ficha de la obra

Dirección y dramaturgia: Elba Degrossi

Elenco: Guillermo Flores, Melody Liones, Dolores Cano, Julián Pardo y Mariano Schneider (músico)

Funciones: sábados a las 18 hs en Teatro Tadron (hasta final de septiembre).

Instagram: @elcrimendesanpatricio

Sobre la dramaturga y directora

Elba Degrossi es actriz, dramaturga, directora y psicoanalista. Ha estrenado más de veinte obras, entre ellas Nuestros hijos… del corazón, Imágenes indelebles, Cómo dijo… Roberto Arlt? y Cuestión de polleras. Su teatro se nutre de lo social, alternando entre el humor y el dolor. Ha recibido premios de Argentores, el Festival del Sainete, el Premio Editorial El Escriba, el Premio José Moreno Arenas (España) y el Premio SADA Carlos Gorostiza por El crimen de San Patricio.

author: Juan Pablo Cantini

Juan Pablo Cantini

Nació en 1976 en la Ciudad de Buenos Aires. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UBA, escritor, redactor y tallerista. Fue periodista gastronómico en medios especializados y publicó notas en Tiempo Argentino y Clarín. Su primera novela, Mordiendo en el vacío, fue editada por Notanpuan en 2022. Actualmente coordina talleres de lectura y escritura y trabaja en su segunda novela.

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