La geopolítica del hambre: Cuba bajo asedio energético
22 de Febrero de 2026
Por Víctor Sudamérica. Fotos: https://www.cubaperiodistas.cu/
“Si hoy se cae la habana, ¿el día de mañana quién será nuestro dueño?”
Ismael Serrano
“Libertad por agotamiento”: el plan de Washington para asfixiar a Cuba
El envalentonado Donald Trump, luego de la actualización de la Doctrina Monroe y la invasión a Venezuela, firmó la noche del 29 de enero de 2025, la Orden Ejecutiva 14.380. El documento califica a Cuba como una 'amenaza inusual y extraordinaria' para la seguridad nacional de Estados Unidos. En criollo, ese decreto significó algo mucho más concreto: que cualquier país que se atreviera a vender petróleo –colaboración energética- a la Isla, enfrentaría aranceles punitivos que cerrarían las puertas del mercado estadounidense. Nada nuevo para los que sabemos del accionar imperial y sobre todo la aversión de los EEUU sobre Cuba.
El Memorándum Mallor
'El único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y la desafección basados en la insatisfacción y las dificultades económicas. Se deduce que deben emprenderse rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba.'.
Lester Mallory, Departamento de Estado de EE. UU., 6 de abril de 1960
Con esto queda claro que la orden de Trump no era el inicio de nada, sino la aceleración de una estrategia que tiene más de seis décadas de historia y un manual de operaciones concreto. Ese manual se llama el Memorándum Mallory, redactado el 6 de abril de 1960 por Lester Mallory, subsecretario de Estado Asistente para Asuntos Interamericanos, una suerte de Doctrina Monroe diseñada exclusivamente para Cuba.
El texto admitía que la mayoría de los cubanos apoyaba a la Revolución y que no existía oposición interna efectiva. La solución que proponía era causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno, debilitando la economía por todos los medios posibles. Sesenta y cinco años después, ese documento no es una reliquia histórica, es una política viva. El documento da cuenta de la paleta de opciones que tiene el imperialismo para asfixiar a un país latinoamericano; a principio de año la táctica fue la mentira sobre el vínculo entre narcotráfico y Maduro. Pero en un país con pocos recursos naturales comparado con Venezuela, ¿cuál es la motivación de los EEUU?

La respuesta tiene características ideológicas: caído el suministro de petróleo el efecto en cadena es devastador. Sin energía no hay desarrollo fabril, sin combustible no hay transporte y con esto se imposibilita la distribución de alimentos. Sin electricidad la cadena de frío para medicamentos se rompe y los quirófanos se apagan, las muertes se acumulan, y los Estados Unidos son el conductor de esta parca. Bajo la civilización del liberalismo asistimos a un genocidio del que pocos se animan a caracterizarlo de este modo: Cuba se convierte en la Palestina de América.
En la actualidad se registran cortes de luz de hasta catorce horas diarias. Las universidades han suspendido clases. Lo que el sociólogo brasileño Josué de Castro, quien fuera conocido por el General Perón, describió en su obra fundacional como 'La geopolítica del hambre', el uso deliberado de la privación alimentaria como arma de dominación, se está aplicando en tiempo real en el Caribe. Castro lo explicaba a mediados de siglo XX: a casi ochenta años el imperialismo liberal sigue haciendo de las suyas, ahora a la privación alimentaria se le suma la extorsión energética.
Una crisis que supera al Período Especial
Los mejores momentos de la revolución se dan entre 1975 y 1985, con el comercio con la URSS, la esperanza en Nicaragua y en otros países de América Latina, pero sobre todo el dinamismo del mercado interno, que marcó la era de oro de la Revolución.
Lejos quedan esos recuerdos en los jóvenes de hoy, aunque sí aún mantienen vivo en su memoria corporal es el Período Especial de los años noventa. Saben lo que es que el PBI caiga un 36%, que la ingesta calórica diaria se desplome de 4.000 a 1.000 calorías, que los estantes vacíos de los almacenes se vuelvan paisaje cotidiano, que los locales de entrega de medicinas sean cementerios de cajas vacías.
Es inevitable no caer en las comparaciones de este presente con el Período Especial. El investigador Mario Santucho advierte que la comparación, aunque válida, oculta diferencias que hacen la situación presente, en ciertos aspectos, incluso aún más dramática.
Al quedar lejos en el recuerdo del bienestar 1975-1985, las nuevas generaciones, en cambio, han vivido en una crisis permanente y aguda. No tienen ese horizonte de referencia. Pero sobre todo en los 90 la Isla contaba con una llave maestra: el liderazgo de Fidel Castro, una figura capaz de presentarse personalmente en las plazas, conocedor de punta a punta de la Isla y de sus necesidades, y era capaz de disolver tensiones y construir cohesión narrativa, era un mito viviente a nivel internacional.
También hay diferencias estructurales en el origen de la crisis. El Período Especial fue el resultado de un cambio geopolítico sistémico: el derrumbe de la Unión Soviética dejó a Cuba sin su principal sostén económico casi de la noche a la mañana. Cuba logró resignificarse gracias a la invención de su política de turismo que hizo de la Isla uno de los destinos más apreciados a nivel mundial, lo que derivó en ingresos que lograron mitigar las consecuencias del Período.
La crisis actual, en cambio, es el producto de un estrangulamiento metódico, diseñado y deliberado desde Washington. Un plan con nombre, firma y aranceles. Si bien la hegemonía de los EEUU hoy encuentra sombras, aún ninguna de éstas pasa a ser un faro de esperanza para Cuba, es decir que la Isla hoy se encuentra más aislada que nunca en la órbita de las grandes mesas de la diplomacia mundial.

No olvidar la solidaridad cubana: el capital moral que el bloqueo no puede confiscar
Sin embargo, en los pueblos, la causa cubana sigue generando respuestas solidarias –y las debe seguir generando- en toda América Latina. Vale recordar el historial de lo que Cuba dio al mundo desde su lugar, con sus propios recursos y en los momentos más difíciles de su historia. Desde la década de 1970, la isla ha desplegado más de 600.000 médicos y profesionales de la salud en catástrofes y crisis humanitarias alrededor del mundo, sin distinción ideológica. Las brigadas médicas cubanas han trabajado en la Italia de Giorgia Meloni, en México tras los sismos de 2017, y también en Guatemala —hasta que el gobierno de Bernardo Arévalo cedió a las presiones de Washington y comenzó a expulsar a los 333 médicos que llevaban décadas sosteniendo el sistema de salud guatemalteco—.
El método cubano de alfabetización 'Yo sí puedo' ha educado a más de 11 millones de personas en el mundo. La isla ha formado a miles de médicos latinoamericanos de manera gratuita.
De más está recordar la valentía de los soldados cubanos que murieron en defensa de la Revolución chavista el último 3 de enero, cuando pocas naciones pueden decir lo mismo.
Todo esto en Cuba marca una diferencia moral que convierte su situación actual en una deuda histórica que los pueblos de la región no pueden ignorar.
México: el faro del compromiso y un llamado de atención ante el silencio de los poderosos
Brasil es la novena economía a nivel mundial, sus alianzas comerciales en la órbita de los BRICS promovieron la esperanza de todo el arco humanista en América Latina, pero sin embargo, la falta de respuesta ante la invasión a Venezuela y la inacción que demuestra en relación a Cuba nos obliga a pensar y realizar un llamado de atención: el Presidente Lula hoy tienen la obligación de tener una práctica más activa en la defensa de Cuba.
En opuesto al caso brasilero, México emerge como la excepción significativa dentro de América Latina. El 12 de febrero de 2026, dos buques de la Secretaría de Marina (SEMAR) llegaron a La Habana con 814 toneladas de ayuda humanitaria: leche, productos cárnicos, galletas, frijol, arroz, artículos de higiene personal. Una reserva adicional de 1.500 toneladas de leche y frijol aguardaba su turno. Era la manifestación concreta de una decisión política que tiene raíces constitucionales: los principios de autodeterminación de los pueblos tal cual mencionan la presidenta mexicana.
Pero esa solidaridad también tiene costos que se expresan bajo una coacción extrema y calculada. Washington ha convertido la renegociación del T-MEC en un mecanismo de extorsión: si Pemex sigue suministrando petróleo a Cuba, México puede enfrentar aranceles generalizados sobre sus exportaciones. Frente a ese dilema existencial, el gobierno de Claudia Sheinbaum implementó una maniobra de precisión estratégica: suspendió temporalmente el envío de hidrocarburos que son el pretexto técnico para las sanciones y compensó con ayuda humanitaria, protegida por el derecho internacional de una manera que el comercio de combustibles no lo está.
México opera en un escenario de 'silencio sepulcral' por parte de otros gobiernos latinoamericanos. El continente que habló de integración y soberanía en los años dos mil observa en silencio cómo se aplica un 'genocidio administrado'.

La pregunta que América Latina no puede eludir
Josué de Castro cerraba su Geopolítica del hambre con una proposición que sigue siendo el horizonte ético de la disputa: la verdadera paz mundial solo se alcanzará cuando se elimine el hambre, porque la miseria es la raíz de la inestabilidad y los conflictos. La solución, decía de Castro, no es la caridad de las potencias que a menudo es otra forma de control, sino la cooperación entre los pueblos y la reforma de las estructuras de poder. Eso es exactamente lo que la solidaridad de México y la resistencia cubana intentan encarnar hoy.
El bloqueo no es solo una suma de sanciones: es el intento de convertir el hambre en argumento político, la búsqueda imperial de una explosión deseada, el regreso a que Cuba sea el “cabaret de los americanos”. El humanismo latinoamericano debe bloquear hasta lo último la imagen distópica de la gusanera de Miami desembarcando en La Habana. Como lo hicieron las brigadas médicas cubanas cuando el mundo las necesitó, hoy toca a América Latina llenar barcos de solidaridad, esperanza y de voz la causa cubana.
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