Gremiales Militancia

Vida en abundancia. Un saludo a las madres en su día.

En el día que las madres ganan el centro de la atención y el afecto de las familias argentinas, el escritor Sebastián Giménez rescata de las páginas de la historia grande de lucha de nuestro pueblo, una carta que Agustín Tosco le escribe a la suya desde la cárcel de Rawson, Trelew, donde estaba privado de su libertad por la dictadura de turno.

Extraño en esta época no meterme en un vivero de raje, o en uno de esos puestos de flores que también venden plantas para comprarle una a mi vieja. Tercera semana de octubre. ¿Y qué comprarle a mamá? Una mujer que te decía, o te daba a entender: es una boludez el día de la madre, una excusa para consumir. A Papá Noel lo inventó la Coca Cola, repetía. Y en casa sólo se recibían regalos de los reyes magos. No compres nada, insistía. ¿Para qué? Guardá la plata, hijo, que en este país nunca se sabe.

Pero yo igual le quería llevar algo. ¿Ropa? No le interesaba demasiado, por no decir nada. Y uno caía en la de siempre: una planta. Porque mi vieja inventó de la nada un jardín en el contrafrente del edificio añejo de Quito. Que cuidaba religiosamente junto a mi viejo. Son aquéllas pequeñas cosas que dice la canción del Nano. Era ella agachada con una pala removiendo la tierra para que todo floreciera. Y eso que era un poco torpe para moverse. Yo soy buena en matemáticas pero un cero en gimnasia, certificaba ella. Y era ir, entonces, al vivero y tomar una planta que me gustara. Un ficus, una hortensia, me decía mamá. Una estrella federal, nombres fáciles para ella que vivía para las plantas y también plantaba árboles en la calle en honor a personas queridas de los colegios donde hicimos con mis hermanas primario y secundario. Todavía se ven erguidos varios de esos árboles, como debe quedar algún níspero en la reserva ecológica de aquél día en que nos hizo ir con mis primos a arrojar semillas y carozos a ese lugar donde le encantaba pasear. Hermosa forma de trascendencia. Se extraña ir a comprar plantas y verla agachar con gusto para hundir las manos en la tierra.

Una madre, todas las madres. La que se recuerda más probablemente es la madre de cuando éramos chicos. Y traigo aquí la perla de una carta de aquéllas épocas donde no había correo electrónico. Lapicera o birome y el olor del papel. El que la escribió, el 15 de octubre de 1969, fue Agustín Tosco, desde la cárcel de Rawson. Ese sindicalista luchador, hijo de su tiempo, del Luz y Fuerza cordobés, que cuando no estaba preso era perseguido por sus ideas. Y seguía adelante aunque se diera la cabeza contra la pared, hasta abrir un surco. Ese hombre tozudo, de mameluco, le escribió a su madre una carta que puede ser a todas las madres, las de izquierda, las de derecha, las apolíticas, las israelitas, las palestinas. Y la carta dijo así:

“Querida mamá:

Esta vez hago una excepción al escribirte a vos sola. Le pido disculpas a papá y a Lucy pero todo se debe a que el domingo próximo es tu día, el día de todas las madres. Para todas las madres, y yo sé que para vos también, sigo siendo, aunque con casi cuarenta años de edad, el niño que jamás se olvida. Igual que para todos los hombres y mujeres, la mamá que siempre más se recuerda es aquella de los primeros años, la que es toda dulzura, toda preocupación. La que te despierta a la mañana, te cuida durante el día y te acuesta de noche. La que te lava la cara y limpia las orejas, la que hace, cose, lava y plancha tu ropa, la que vigila las zapatillas y los zapatos, la que te peina y pone jabón o gomina para aplastar el remolino rebelde, la que observa el impecable guardapolvo blanco y te mira cuando vas a la escuela, la que espera que te portes bien y que saques buenas notas. La que se desvive por tu salud si estás pálido o rosado y si tosés de noche. La que te pone untura blanca en la espalda, te resguarda del frío y te protege del sol. ¿Recuerdas los dolores de cabeza que sabía tener? ¿Recuerdas todas esas cosas, mamá? Ya ha pasado mucho tiempo, pero nunca las olvidamos ¿verdad? Yo ya no puedo hablarte con la inocencia de un niño. Pero vos, sé que me seguís soñando y queriendo así. Yo también te quiero mucho”.

A todas las mamás queridas, en su día. Las que están y las que recordamos en el corazón y para siempre. Feliz día a todas ellas y gracias por sembrar ahora y siempre vida en abundancia.

author: Sebastián Giménez

Sebastián Giménez

Escritor y trabajador social. Autor del libro Victoria siempre (Editorial Sudestada), y de relatos cuervos y otros libros setentistas.

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