Volver mejores y con los ojos bien abiertos

La noche del domingo 11/8, desde la Costanera Norte, Macri mandó a dormir a los argentinos y argentinas, con Cambiemos quince puntos abajo del Frente de Todos. Se trata de una fabulosa paradoja, ya que fueron justamente los ciudadanos y ciudadanas las que despertaron de una pesadilla a la que probablemente “no vuelven más”.

Por Mariano Quiroga

Al patrón se le había ocurrido mandar a dormir a los argentinos quizás entre gallos y medianoche, apostando a que con la ayuda de Smartmatic podían revertir la contundente diferencia de 15 puntos que les estaba sacando Alberto Fernández. María Eugenia Vidal ya no tenía la sonrisa de oreja a oreja, estaba corriendo con la misma desgracia dentro del mundo cambiemita. Solo que ella caía derrotada a manos de Axel Kicillof y eso que la gobernadora de la provincia de Buenos Aires era supuestamente la mejor posicionada dentro de la estructura PRO. El único que podía a duras penas sostener una sonrisa entre los globos amarillos cada vez más desinflados era Horacio Rodriguez Larreta, defensor del bastión y la cuna de Cambiemos.

En el Comando de Campaña del Frente de Todos lejos de irse a dormir las sonrisas dibujadas en los rostros demostraban esa sensación de triunfo que se venía palpitando desde que Cristina Fernández de Kirchner se puso la 10 e hizo la jugada de todos los tiempos. Fue desde el día que anunció a Alberto Fernández como candidato a presidente y se corrió al puesto de vice, que el cantito del “Vamos a Volver” se convirtió en la realidad efectiva.

Hasta Sergio Massa llevó sus porotos al frente patriótico, y se acomodó en el primer puesto de la lista de diputados por la Provincia de Buenos Aires. De esta manera se fue poniendo el carro en marcha y los melones se acomodaron solitos.

Del otro lado de la grieta se intento emular una jugada parecida, poniendo de vice de Macri a Miguel Ángel Pichetto, pero lejos de parecerse al tiro del final terminó siendo un manotazo de ahogado que no aportó en nada. Quedó claro que no pasaba por la figura que sumaban sino a quién ocultaban para no restar más votos. La desesperación los llevó al límite de prepotear a la oposición y los votantes en sus actos, tirando por la ventana aquel eslogan habían sostenido durante tanto tiempo, en relación al diálogo y el consenso. Muy lejos que quedaron los tiempos de la “Revolución de la Alegría”.

Los números están a la vista y para muestra hace falta un botón. En la provincia de Córdoba donde el PRO había ganado en las elecciones del 2015 con un 70%, en esta contienda electoral la fórmula Fernández-Fernández descontó 20 puntos, y eso equivale al 1,5% del padrón electoral a nivel nacional. Otro ejemplo es la provincia de Santa Fe, donde el Gobierno nacional defendía puntos obtenidos en los comicios de hace cuatro años, y ahora fue superado por un peronismo unificado que canta con ganas el fragmento de la marcha que dice “todos unidos triunfaremos”, en otra muestra de realidad efectiva.

Macri se sorprendió de ver al pueblo despierto. No había en el manual de estilo de Duran Barba una respuesta para el momento que el soberano abre los ojos. Cuatro años duró el efecto, y en ese tiempo el mejor equipo de los últimos 50 años endeudó al país de un modo brutal, empobreció a las mayorías, bajó los sueldos, generó despidos de a miles y despidió en primera persona al frente del Estado nacional, aplicó doctrina Chocobar, persiguió y baleó mapuches, encubrió dos crímenes de Estado, encarceló opositores.

Se acabó el somnífero. La realidad se puede hacer tapa o tapar, dice un Diario que supo militar la pobreza durante estos cuatro años. Llegó la hora de despertarse, de proponernos un sueño como una vez lo hizo Néstor. Llegó la hora de volver mejores, con los ojos bien abiertos.

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