La salud es una construcción colectiva

La definición sobre la salud fue cambiando a largo de la historia, al igual que sus modos de atención. La pandemia hizo que el tema gane un lugar central en la agenda pública. La autora de la nota, militante por la salud pública, propone un repaso histórico y aporta definiciones políticas.

Por Paula Suárez

2020 fue un año en el que ¿la salud? estuvo en boca de todxs.

La llegada de la pandemia llenó horas de radio, televisión y miles de páginas en las que profesionales de la salud, y no tanto, hablaron sobre el virus, la terapia intensiva, las camas de hospital, los respiradores y los testeos, y desde hace un tiempito las vacunas, entre otros asuntos.

Por eso, podríamos decir que más que la salud, la enfermedad estuvo en boca de todxs, pero sí es cierto que se habló bastante del sistema de salud, de las responsabilidades del Estado y de los modelos de atención.

Un poco por eso y otro poco porque es un tema que amerita ser tratado, conversado y discutido, es que lxs compañerxs de Kranear me invitan a pensar, conversar y discutir sobre salud. Hay muchos, muchísimos temas que podemos y vamos a tocar en esta sección que estamos inaugurando con estas reflexiones, pero antes de entrar en algunos temas más acotados o específicos me parece interesante pensar y ponernos de acuerdo, o al menos que ustedes, los lectores y lectoras, sepan desde qué lugar hablamos acá cuando hablamos de salud.

Si hacemos el ejercicio de preguntarle a veinte personas de diferentes lugares, sectores sociales y edades, qué es la salud, seguramente obtengamos veinte respuestas diferentes, porque la salud es ante todo una construcción social. Por lo tanto sus definiciones han cambiado a lo largo de la historia y con ellas sus modos de atención.

En la prehistoria existía una concepción mágico-religiosa de la salud. Todo lo anormal era atribuido a una causa sobrenatural, y la enfermedad era considerada un castigo divino. En la edad antigua (cultura griega y romana) nace una concepción racionalista y naturalista. La salud es el bien más preciado. Sin salud no puede haber belleza. Las enfermedades son concebidas como un desequilibrio, la desviación de la norma. La cura pasa por un retorno a la naturaleza.

En la modernidad, y como consecuencia de las nuevas formas de producción, comienza a haber preocupación la irrupción de nuevas enfermedades, producto de las malas condiciones de trabajo de los obreros. De este modo tiene su origen el estudio de las enfermedades ocupacionales. Un obrero enfermo es un obrero que no produce. Así nace en Europa el concepto de Medicina de Estado.

Ya para finales del siglo XIX e inicios del XX llega el modelo biomédico que entiende a la salud como ausencia de enfermedad y que se centra en las cuestiones biológicas. Es decir: si no estoy enferma estoy sana.

Como podemos ver, las definiciones fueron acompañando las diferentes cosmovisiones de la historia, se vinculan con las condiciones sociales de vida, las estructuras socioeconómicas y de producción, los avances científicos y tecnológicos y las formas de ver y entender al mundo y a los hombres y mujeres en cada momento histórico. Por lo tanto, lo primero que vamos a decir (y luego de este muy breve recorrido no quedan dudas) es que la salud es una construcción social.

Si buscamos salud en el diccionario, la Real Academia Española (RAE) dice: “Estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones”. Habría que preguntarles quien define “lo normal” y si para todos, todas y todes hay una misma normalidad.

Por su parte la Organización Mundial de la Salud (OMS), así define a la salud: “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

En 1948 la OMS da un paso importante en la definición de salud, al hablar de bienestar físico, mental y social. Aparece en esta definición algo de lo subjetivo, e introduce cuestiones más allá de lo físico (rompiendo así el modelo biomédico y hegemónico). Ahora bien, por un lado la idea de “estado” al que se llega no parece ser la más acertada. Uno no alcanza ese estado y permanece sano por siempre. La salud es un proceso de cambio continuo, es dinámico.

Por otro lado, ¿que implica “estar bien”?, ¿quién lo decide y con qué parámetros?

El bienestar no es un concepto universal. Su significado varía para los distintos grupos sociales, según sus condiciones concretas de vida y también puede ser diferente para cada persona. El bienestar es por lo tanto de carácter subjetivo y difícil de identificar y cuantificar.

Por eso es importante ponernos de acuerdo acerca de qué entendemos por salud, qué es para nosotrxs y nuestra comunidad estar bien, y por qué no hay otra manera de construir salud que no sea de manera colectiva.

La salud es una construcción colectiva, y esto no es solo una definición. Parafraseando al querido Leonardo Favio me gusta decir que “Nadie puede estar sanx en soledad”. Esto se vio muy claramente el año pasado, con la pandemia. Es algo que muchxs ya sabemos y sostenemos pero que el Covid-19 reveló de manera brutal. Si yo me cuido, pero el de al lado no se cuida (y fundamentalmente no puede cuidarse) es muy probable que yo me enferme también. ¿De quién depende, entonces, que pueda estar sana? ¿Es una responsabilidad individual? ¿Me enfermo porque no me cuido? ¿Todos, todas y todes tenemos acceso a los mismos medios para esos cuidados?

Decía Ramón Carrillo, primer ministro de Salud argentino, bajo el mandato presidencial de Juan Domingo Perón: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios como causa de la enfermedad son unas pobres causas”.

Por eso es tan importante hablar de salud, socializar todo lo referido a la salud y desmitificar que sea algo “para entendidxs”. Todos, todas y todes sabemos de salud. Sabemos reconocer cuando no estamos “sanxs”, tenemos saberes populares, saberes familiares respecto de cuidados de lxs enfermxs. También sabemos que muchas de las cuestiones que afectan nuestra salud no tienen que ver con lo médico, ni con el sistema de salud, sino con cómo vivimos, y esto quiere decir cómo nos alimentamos, cómo nos abrigamos, si dormimos bajo un techo, si tenemos trabajo, una familia/entorno que nos acompañe, y la lista sigue.

Para poder hablar de salud, no necesitamos ser médicas o enfermeras. Y para pensar cambios en salud, necesitamos hablar no sólo con quienes trabajan en salud, sino con la mayor cantidad de personas que puedan aportar miradas y saberes que enriquezcan esos procesos de cambio y fundamentalmente que se comprometan con esos procesos.

La salud, es también, un derecho humano. Y por lo tanto es el Estado quien la debe garantizar. Si bien la salud es cosa de todxs, no sucede lo mismo con las responsabilidades.

Por eso para nosotrxs la salud es una construcción histórica, social, cultural y subjetiva, de carácter multi-determinado, que varía a lo largo del tiempo y que, a la vez, adquiere diferentes connotaciones y significados según los contextos y los grupos sociales. Por último es, sobre todo, un derecho humano inalienable que debe ser garantizado por el Estado.

Y cómo la noción de salud y sus conceptos son históricos, culturales, sociales es que me parece importante, además, recuperar una historia que es muy rica en nuestro país en la construcción de la salud colectiva. Por eso y a modo de cierre, de la nota y no del debate, es que elijo la definición de Floreal Ferrara, que fue discípulo de Carrillo, ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires y el creador de una de las experiencias más importantes en salud comunitaria de nuestro país: el programa ATAMDOS (*).

“La salud se expresa correctamente cuando el hombre vive comprendiendo y luchando frente a los conflictos que la interacción con su mundo físico, mental y social le imponen, y cuando en esta lucha logra resolver tales conflictos, aunque para ello deba respetar la situación física, mental o social en la que vive o modificarla de acuerdo a sus necesidades y aspiraciones. De tal forma, que la salud corresponde al estado de optimismo, vitalidad, que surge de la actuación del hombre frente a sus conflictos y a la solución de los mismos…” (En torno al concepto de salud, en Revista de Salud Pública de La Plata-Argentina, 1975).

Para Floreal, estar sanxs es resolver conflictos, y siempre de manera colectiva. Elijo esta definición para no perder de vista que nadie se salva solx.

(*) ATAMDOS (Atención Ambulatoria y Domiciliaria de la Salud)
El programa integraba en el centro de salud a un equipo interdisciplinario (médicos, psicólogo, psiquiatra, trabajador social, odontólogo, enfermeras, administrativos), desde una mirada fundada en el sanitarismo social de Ramón Carrillo y en la estrategia de atención primaria de la salud. De esta manera, se propuso instituir un nuevo modelo de atención y un dispositivo institucional que incorpore a los actores comunitarios en la toma de decisiones de la política sanitaria.

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