Política Militancia Feminismo popular

Cristinismo socioafectivo

En un año de elecciones, y con el fomento del odio opositor en el centro de su agenda, el militante lanusense, Gonzalo Escalante, invoca el ejemplo de lucha del peronismo y también del movimiento de mujeres y diversidades, y llama a romper la proscripción de Cristina, una vez más, por medio de la práctica de la escucha, la persuasión y la construcción política colectiva.

24 de Febrero de 2023

Por Gonzalo Escalante

El 2023 nos presenta un desafio enorme para la militancia del campo nacional, popular, democratico y feminista. La creciente polarización social como método de los espacios político-sociales para afianzar su base, “es mediante la demonización de un sector de la población (de un otrx)) que una sociedad alcanza un sentido se su propia cohesión” (Laclau, 2005; 94).

Asimismo, esta situación se potencia con la consolidación -otra vez- de la violencia como herramienta de diferenciación y supresión de pensamientos. La tentación de caer en la utilización de este recurso como atajo para la resolución de los conflictos, y demostrar la entereza de escapar a ese escenario al que se nos quieren llevar, tiene que ser un eje clave en un año electoral.

Las sociedades actuales están constituidas con el fin de lograr una atomización. Se propone el individualismo como método de progreso y el “sálvese quién pueda” busca calar en la manera de relacionarnos -o mejor dicho desrelacionarnos- y construir un individualismo mediante el cual la concentración de recursos en manos de unos pocos, sea más fácil.

Vivimos en una “Pandemia del odio” (Solnit, R., 2014) que se propaga en los distintos ámbitos y, muchas veces, nos constituye. Somos construidos en esa cultura y la reproducimos sin darnos cuenta. El atropello de la derecha en sus distintas caras, contra el Estado de Derecho, y las conquistas y garantías del pueblo, y la impunidad con la que lo materializan, nos puede generar enojo y conducirnos hacia el espacio de la violencia, y ese es su objetivo. En contrapartida, el feminismo popular nos presenta una alternativa para combatir desde el amor y la igualdad.

La construcción individualista

El neoliberalismo no solo nos trajo modificaciones económicas,  el final del Estado de Bienestar, sino que generó una transformación social que busca convertirnos en sociedades de consumo darwiniano (entendemos lo referido a Darwin como adjetivo que habla sobre “la supervivencia del más apto”). Con la alianza Thatcher-Reagan como puntapié inicial, el Estado comienza su proceso de dilación de poder en pos del crecimiento del dominio del mercado como regulador económico y social. La atomización de las sociedades trabaja con este objetivo. En vez de sostener reclamos y luchas en conjunto para adquirir más fuerza, nos separamos y caemos presos de nuestros problemas que auto-exacerbamos poniéndonos en un lugar central y prioritario frente a las cuestiones sociales.

La cultura patriarcal es una cultura violenta, ya que el patriarcado es un sistema jerárquico, por eso, el neoliberalismo es funcional y se retroalimenta. Somxs educados en una cultura violenta, y aprendemos de manera diferencial a usarla, lo que no implica que sea de uso exclusivo de los varones, pero si quienes tienen, por mandato, el privilegio de su dominio.

Rita Segato (2018) lo clarifica cuando nos marca que los varones están formados en la crueldad porque deben socializar en ese contexto, y asimismo, las “pedagogías de la crueldad”, educan a un Yo violentx; en contrapartida existe un Otrx sumisx. Además de ser educados, la repetición de los actos de violencias, en sus distintos tipos, nos vuelve reproductores y un eslabón necesario para la permanencia de este modo social, “cuando cualquiera de nosotros comete actos de violencia, está construyendo, con esos actos  por medio de ellos, un mundo más violento” (Butler, J., 2020; 34).

El neoliberalismo, en sus distintas facetas, nos propone modelos sociales que buscan educarnos en la meritocracia. Nos imponen unas “ventajas comparativas” individuales en la cuál yo acepto mi lugar de explotadx y defiendo el derecho del opresxr, porque especializandome en mi función puedo lograr algún día ocupar otra posición social. La violencia cumple una función importante en esta lógica. No aceptar esas reglas de juego, me convierte en un outsider, en un alteradxr de un orden que puede evitar mi ansiado progreso en el sistema jerárquico, en ese sentido, ese otrx debe ser eliminado para que Yo pueda cumplir mi rol y llegar a ocupar un lugar más alto en la escala social.

Por otro lado, los necesarios avances tecnológicos, son utilizados para potenciar esta separación. Mientras nos venden que la tecnología nos une, nos conecta y salva las distancias, nos encierra en nuestros dispositivos y muchas veces no nos deja ver lo que sucede por fuera de nuestras pantallas.

El filósofo coreano Byung-Chul Han, en su libro “En el enjambre” (2014), busca entender cómo la tecnología y en especial las redes sociales, modifican nuestras conductas de socialización. Dice: “la comunicación digital hace que se erosionan fuertemente la comunidad, el nosotros.Destruye el espacio  público y agudiza el aislamiento del hombre. Lo que domina la comunicación digital no es el ‘amor al prójimo’ sino el narcisismo” (pp. 75).

Con un sistema socio-económico como el neoliberalismo, que nos aísla cada vez más y nos vuelve enemigxs entre sí, y con una base patriarcal que nos educa, en especial a los varones, en el uso de la violencia como método de pertenecer y de sobrevivir, la salida posible, claramente es el feminismo popular.

Herramientas

El movimiento de mujeres y diversidades, como actor social y político, históricamente, nos trajo y nos trae claridad. Para los objetivos de este artículo, vamos a quedarnos solamente con dos conceptos: lo personal es político y la responsabilidad afectiva.

Venimos sosteniendo que el modo de dominación actual busca encerrarnos en nosotrxs con la ilusión de un progreso que nunca llega, frente a esto, también aprendemos que la violencia es una herramienta para combatir a quien modifique nuestro “camino al éxito”. Es en ese sentido, en el cual volver a los personal algo político es fundamental. Pero aquí hay una cuestión a tratar con cuidado. Que lo personal sea político puede, en clave del neoliberalismo actual, ser un cúmulo de personalidades odiantes que se juntan para propagar la violencia, desde lo verbal hasta lo físico. Esto, claramente, es una trampa. Salir a la calle a defender disputas como Vicentin; la extensión de la cuarentena; una reforma judicial; o el histórico “todos somos el campo” (con O porqué no existe inclusión en esa consigna), es el método que usa el poder real, a través de los medios masivos de comunicación, para que seamos soldadxs del status quo con la promesa del progreso meritocrático. No existe colectividad, sino distintas personalidades que expresan su odio hacía lo que no comparten, porque están educados en la crueldad y en la lógica darwinista.

Lo personal es político, y nace desde lo colectivo. No existen problemas personales sino problemáticas políticas que tienen una matriz patriarcal y por lo cual, más allá de detalles, se repiten. La división de roles o la invisibilización social mediante la no asignación de roles, se construye desde lo social e impacta en lo personal. La batalla, entonces, debe tener esa lógica y ahí llevamos lo personal a lo colectivo, la solución de los problemas del Yo, esta en la acción colectiva de un Nosotrxs. Esta es una de las maneras de romper con la atomización y comenzar a reconectarnos. Y no como una pérdida de lo identitario y la dilación del Yo personal en el Nosotros social, sino como una realización del Yo desde lo colectivo. El Nosotros político como impulsor de reivindicaciones y Justicia Social, para la consolidación del Yo personal.

La responsabilidad afectiva

Surgida como respuesta a una actitud de destrato que los varones, enmarcado en los mandatos y los roles establecidos por el amor romántico, la responsabilidad afectiva nos viene a “avisar” que todxs somos personas que sentimos y lo que debemos ser conscientes de lo generamos en lxs otrxs. Para generar una sociedad, que se construye sobre vínculos, más sana, debemos de hacernos cargo de nuestro accionar y no jugar con lxs demás. Este punto, el de la responsabilidad afectiva, debe ser el más difícil de generalizar, porque hay pensamientos y sentimientos distintos por cada persona, y al mismo tiempo, la interacción de dos -o más- va a generar distintos modos de vincularse y parámetros de lo que es “sano”. Si vamos a coincidir en que la responsabilidad afectiva busca inculcar comportamientos que rompan con actitudes que están marcadas por el género y a su vez por el Amor Romántico -o amor Disney-.

Por este motivo, es que asociamos la responsabilidad afectiva con vínculos sexo-afectivos, pero las responsabilidad afectiva debe ser expandida a cualquier vinculo o relación, cualquier actitud social que yo realice afecta a un otrx u otrxs, entonces debo der responsable de mi accionar y no jugar con lxs demas, como marcamos arriba.

En este sentido, la construcción de una responsabilidad socioafectiva va a tener como resultado una sociedad más sana, en la cual, sí soy consciente de que mis acciones tiene efectos sobre otrxs, vamos a romper con la atomización y el darwinismo social que nos propone el neoliberalismo, y desde ahí es mucho más sencillo lograr generar el efecto colectivo que propone “lo personal es político”.

“El amor es lo único que construye” 

Suena la marcha peronista y cantamos: “para que reine en el pueblo, el amor y la igualdad”.

El amor es uno de los pilares del peronismo, es una herramienta de construcción y es un objetivo militante expandirlo para todxs. No deseamos conquistas individuales, porque está “primero la patria, después el Movimiento y luego” las personas. Está claro que, el peronismo no inventó el amor, pero lo socializó; lo hizo accesible y lo puso como bandera para que llevemos bien alto.

Luego de muchos años de lucha, proscripción, parte del movimiento peronista fue cooptado por el creciente neoliberalismo. La década del 90, es el reflejo de aquello, y la crisis del 2001, el resultado. Los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernandez de Kirchner, volvieron a traer al modelo del primer peronismo, y no sólo volvieron a posicionar al trabajador como el principal actor social, sino también en el desarrollo productivo y el crecimiento del país, en materia económica y social. Pero también volvieron a traer y reivindicar el amor como herramienta.

Néstor nos devolvió la dignidad y el sentimiento nacional, amor por nuestro país. Cristina profundizó ese caminó y sumó conquistas sociales que repararon años de odio. La más obvia es el matrimonio igualitario, pero la Asignación Universal por Hijo también es una reparación de amor, un sentir de un pueblo que vuelve a tener oportunidades y entre otras consecuencias, generar primeras generaciones universitarias. Nos despertaron del letargo, del hastío de no sentir. Ahí aprendimos que “la Patria es el otrx” y salimos a militar para que todxs puedan tener oportunidades, una Justicia Social plena. Llevamos lo personal hacia lo colectivo, y lo colectivo fue político porque hubo decisión y voluntad. La Patria es el otrx sin importar si el otrx me quiere, como mencionamos más arriba. Y tantas reivindicaciones, tanta reparación social, generó la única respuesta que tiene el poder, el odio.

Cristina fue y es la más perseguida y atacada, no solo por haberlos combatido, sino también por ser mujer. Que los haya enfrentado por amor a su pueblo, nunca van a perdonarselo. Pero en vez de fomentar el odio, nos recordó que “siempre el amor vence al odio”. Militar el amor, es militar los ideales peronistas, es militar las tres banderas, en especial la Justicia Social. El amor al pueblo como impulso, el amor como herramienta.

Nos desafió a no rendirnos, a practicar una militancia en dónde el amor es para construir; una militancia desde donde el amor por el otrx, por el pueblo, es el camino más fácil para “salvarnos” no desde el individualismo. Nadie se salva solx, hace falta amor social, hace falta una militancia socioafectiva. Transformar lo personal en lo colectivo. Cristina nos invitó a que seamos responsables de nuestro destino y el destino de lxs demás. Cristina volvió a traer el amor social como método de lucha, a que seamos conscientes de que nuestras acciones afectan a lxs otrxs, nos pidió que practiquemos una militancia socioafectiva.

Nestor y Cristina, desde su accionar político, también nos invitan a militar desde lo ideológico y el amor, practicando la escucha. Una escucha activa es sin dudas un método de predicar y contagiar. Si desde el respeto oímos incluso a quienes no piensan como nosotrxs, siempre que desde el otro lado también haya respeto, estamos sumando a desarmar la cultura neoliberal. Escuchar, no solo como posición de respeto, sino también para otorgar voces y que desde ahí puedan multiplicarse. Escuchar y accionar, siempre que podamos y que sea necesario. El amor como método y “la Patria es el otrx” no solo como frases vacías, sino cargada de metodología y práctica.

En este 2023, dónde el odio ocupa un lugar central en la agenda de la oposición; dónde la proscripción a la líder del movimiento vuelve a ser la manera de callar al pueblo y aplacar su lucha, debemos sostener al amor como arma, puede tardar más, puede que los resultados del odio hagan más ruido, pero como marcó Evita: “el amor es lo único que construye”.

Por eso, para romper con la proscripción de Cristina, debemos militar y hacer efectivo un Cristinismo Socioafectivo, para que reine en el pueblo el amor y la igualdad.

Bibliografía:

-Laclau, E. (2005) “La razón populista”. Fondo de Cultura Económica de Argentina. Buenos Aires.

-Solnit, R. (2014) “Los hombres me explican cosas”. Fiordo Editorial S.A. Buenos Aires.

-Butler, J. (2020) “La fuerza de la no violencia”. Editorial Paídos. Buenos Aires.

-Han, BC. (2013) “En el enjambre”. Editorial Herder. Buenos Aires.

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